El Caballero de la Maison Rouge (Alejandro Dumas) Libros Clásicos

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-En ese caso, ciudadana, no tiene nada que ocultar, ¿de dónde venís?
-¡Oh, señor, por favor! -dijo la desconocida.
Había tal expresión de pudor en este señor y tan dulce, que Maurice creyó estar seguro del sentimiento que encerraba: ella volvía de una cita amorosa. Y sin saber por qué, notó cómo este pensamiento le atenazaba el corazón. Desde ese momento guardó silencio.
Entretanto, los dos paseantes habían llegado a la calle Verrerie, tras haberse cruzado con tres o cuatro patrullas que, gracias a la contraseña, les habían dejado circular libremente. Pero el oficial de una nueva patrulla pareció poner algunas dificultades y Maurice tuvo que añadir a la contraseña su nombre y domicilio. El oficial preguntó quién era la mujer y Maurice dijo:
-Es... la hermana de mi mujer.
El oficial les dejó pasar y la desconocida preguntó a Maurice si estaba casado. Él dijo que no.
-En ese caso, hubiera sido más rápido decir que yo era su esposa.
-Señora, la palabra esposa es un título sagrado que no se puede dar ligeramente, y yo no tengo el honor de conocerla a usted.
Esta vez fue la joven quien sintió oprimírsele el corazón. Atravesaban el puente Marie. La desconocida avanzaba más deprisa a medida que se acercaba al final del trayecto. Atravesaron el puente de la Tournelle y Maurice anunció a la joven que ya se encontraban en su barrio.
-Sí, pero ahora es cuando tengo mayor necesidad de su ayuda.
Maurice le reprochó el hecho de excitar su curiosidad sin decirle quién era. La desconocida le aseguró que le estaría reconocida por haberla salvado del peligro mayor que había corrido nunca, pero que le era imposible revelarle su nombre.
-Sin embargo, se lo hubiera dicho al primer agente que la hubiera conducido al puesto.
-No, jamás -exclamó la desconocida.
Maurice le advirtió que, en ese caso, la habrían conducido a prisión lo que, en ese momento significaba el cadalso. Pero ella aseguró que prefería el cadalso a la traición, porque decir su nombre era equivalente a traicionar.
-¡Con razón le decía que me hacía representar un papel muy desairado como republicano!
-Representa el papel de un hombre generoso. Encuentra a una pobre mujer a la que se insulta y no la desprecia aunque sea del pueblo, y como pude ser insultada de nuevo, para salvarla de la ruina, la acompaña hasta su miserable barrio; eso es todo.

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