Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Jean Jacques Rousseau) Libros Clásicos

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podía decidir a los hombres a cultivar la tierra en tanto no estuviera
repartida entre ellos, es decir, en tanto no hubiese sido destruido el
estado natural?
Aun cuando imaginásemos un hombre salvaje tan hábil en el arte de
pensar como lo presentan nuestros filósofos; aunque hiciéramos de él,
siguiendo ese ejemplo, un filósofo, descubriendo por sí solo las verdades
más sublimes, componiendo por medio de razonamientos abstractos máximas de
justicia y de razón sacadas del amor al orden en general o de la voluntad
conocida de su creador, en una palabra: aunque supusiéramos en su espíritu
tantas luces y tanta inteligencia como torpeza y estupidez debe tener y
tiene en efecto, ¿qué utilidad sacaría la especie de toda esta metafísica,
que no podía comunicarse y que perecería con el individuo que la hubiera
inventado? ¿Qué progresaría el género humano disperso en los bosques entre
los animales? ¿Y hasta qué punto podrían perfeccionarse e ilustrarse
mutuamente unos hombres que, no teniendo domicilio fijo ni necesidad unos
de otros, apenas se encontrarían dos veces en su vida, sin conocerse y sin
hablarse?
Considérese cuantas ideas debemos al uso de la palabra; cuánto
ejercita y facilita la gramática las operaciones del espíritu; piénsese en
las fatigas inconcebibles y en el infinito tiempo que ha debido costar la
primera invención de las lenguas; añádanse estas reflexiones a las
precedentes, y se comprenderá cuántos millares de siglos han debido
necesitarse para desarrollar sucesivamente en el espíritu humano las
operaciones de que era capaz.
Séame permitido considerar un instante los problemas del origen de
las lenguas. Podría contentarme con citar o repetir las investigaciones
que el abate de Condillac ha hecho sobre esta materia, puesto que todos
confirman mi opinión y acaso me han sugerido la primer idea. Pero el modo
como este filósofo resuelve las dificultades que él mismo se plantea sobre
el origen de los signos instituidos demuestra que ha supuesto lo que yo
discuto, a saber, una especie de sociedad ya establecida entre los

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