El doncel de don Enrique (Mariano Jose de Larra) Libros Clásicos

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¡Pobre animalito! ¡ya se ve!, quiérese escapar. Os digo que se escapará.
-¿Se escapará? ¡Voto va! Paje, a vos os lo di; si él se escapa, acordaros habéis del pájaro de Su Alteza. Dejad, Elvira, que vea lo que hacen esos necios. Tenedme ahí entretanto a buen recaudo a ese insolente. ¿Escaparse? No se escapará, ¡voto a Santiago!
Diciendo y haciendo, salió precipitadamente el hidalgo, y el paje, vuelto hacia la puerta por donde salía, y poniéndose los puños en los ijares:
-Se escapará -dijo con donaire y burlita sardónica-; sí, señor, se escapará. ¿Pero esperaros yo aquí, eh? Para mi santiguada que no haré tal; no estoy tan mal avenido aún con mis orejas. Vaya, ¿qué hacéis, prima? Ved que el tiempo pasa, y si le perdéis, saldráse con la suya el hidalgo, y el pájaro no se escapará.
-¡Santo Dios! ¿Con que es falso ese recado que nos habéis traído, Jaime? ¿Y no tembláis?...
-Prima, todo el riesgo para mí es perder una oreja, v más perderíais vos si...
-¡Querido Jaime, querido Jaime! -exclamó Elvira estrechando al paje entre sus brazos.
-Luego, prima, luego -dijo Jaime mirando con cuidado hacia la parte por donde acababa de separarse el hidalgo, y dirigiéndose en seguida hacia el gabinete-: ¡Caballero -añadió abriendo-, caballero! ¡Vaya que se ha dormido, mientras que nosotros hemos sudado por enmendar sus locuras! ¡Ay, Dios mío! -prosiguió todo asustado viendo salir al doncel. Parecía éste, efectivamente, más bien un espectro que una persona. El amor y los celos luchaban aún en su semblante.
-¡Ingrata! -gritó fuera de sí, dirigiéndose a la desdichada Elvira-. ¡Ingrata! ¿Qué pretendéis ahora de mí? ¿Sacaisme aquí a la luz por si no veo bien allí vuestras infernales caricias, por si no oigo bien vuestros pérfidos juramentos? ¿Qué os hice yo para rigor tan grande? ¿Le amáis, le amáis?
-¡Macías!, basta; huid, huid -exclamó temblando de terror y echándose a sus plantas la infeliz-. No más tiempo, no más; que ha de volver.
-¡Vuelva! ¡Vuelva! Aquí mi pecho está. Máteme luego.
-¡Vaya, señor -exclamó el paje-, deje para otro día esa canción! Mire por Dios.

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