Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Tabitha intentó rebasar a una pareja de thrants vestidos con shakos muy caros y arneses de cuero que parecían drogados. Un palerniano escogió aquel momento para ejecutar un torpe salto mortal y otro le hizo caer al canal de un empujón. Los demás acogieron la inesperada diversión con alaridos y exclamaciones inarticuladas. Una motora de chispa pasó junto a ellos impregnando la atmósfera con el olor del ozono. La motora transportaba a un par de trajes eléctricos que saltaban y se contoneaban siguiendo las retumbantes notas musicales que brotaban de una caja de ritmos. La excitación de los palernianos se hizo todavía más intensa, y no tardaron en ponerse a saltar con tal entusiasmo que consiguieron que la balsa quedara medio inundada. Tabitha pensó que si seguían así no tardarían en quedarse sin refrigeradores. El casco ciclópeo de un policía asomó por encima de las cabezas de la multitud unos instantes después de que la mujer hubiera atado el cubo al extremo de una cuerda mientras inclinaba la cabeza hacia un grupito de niños pintarrajeados y les gritaba que lo llenaran de agua.
Tabitha se apoyó en la barandilla, estiró el cuello y consiguió ver la Cinta de Moebius a sólo cien metros de distancia. Allí estaba, justo detrás de la barcaza que transportaba las efigies de un grupo de capellanos. Las inmensas cabezas calvas de los muñecos oscilaban arriba y abajo con grave benevolencia como si estuvieran haciendo llover sus bendiciones sobre la multitud.
Carnaval en Schiaparelli, una ciudad fría y polvorienta repleta de ruidos, olores, suciedad y gente dispuesta a divertirse como sea y a cualquier precio. Ahora vayas adonde vayas encontrarás a personas que te dirán que Schiaparelli siempre jugó un papel muy importante en la vida de Tabitha Jute. Cierto, fue en Schiaparelli donde conoció a Tricarico, quien la llevó a bordo de la ~rogon resplandeciente y gracias a eso conoció a Baltasar Plum, y está claro que de no haber sido por esa cadena de circunstancias Tabitha Jute jamás se habría convertido en propietaria de la Alice. Y aquí estaba ahora, años después, de nuevo en Schiaparelli, dirigiéndose hacia una cita gracias a la que su vida, mi vida y todas las vidas cambiarían de una forma tan completa como irrevocable. Tabitha se detuvo en lo alto del tramo de peldaños que llevaba hasta la puerta principal de la Cinta de Moebius.

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