Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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Marco, ¿sigues ahí?
Marco no le hizo ningún caso. Estaba observando la cinta para averiguar hasta dónde había corrido.
-¿Lo has recibido, Hannah? ¿Ha llegado hasta ti?
-Oh... jadeó Hannah-. Están aquí. Siguen aquí. Puedo sentir su presencia rodeándome por todas partes.
-Ya, ya -dijo Marco, aunque estaba claro que no la escuchaba-. Oye, cariño... Tenemos que irnos. La función debe empezar. -Dio unas palmaditas sobre uno de los marchitos hombros de la muerta-. Ven, Tal -dijo.
Los Gemelos habían rescatado al loro de la cornisa y estaban acunándolo en sus manos con las cabezas inclinadas sobre su revuelto plumaje.
-Marco, ¿y mi dinero? -preguntó Tabitha con voz irritada.
Faltaban veintidós minutos para que expirara el plazo. Podían pasearla a toda velocidad por un millar de mundos imaginarios, bombardearla con las tonterías suficientes para que su cabeza acabara dando vueltas, colocar cintas dentro de su bolsa de viaje y sacar banderas de todas las naciones de sus orejas, pero no podían ocultarla de la policía. Los policías de Schiaparelli informarían a los eladeldis y los eladeldis podían llegar hasta ella y quitarle a la Alice incluso si estaba en las profundidades de Plenty. La claridad mental que proporciona la desesperación le hizo comprender que aunque no se lo demostrara nunca sentía un profundo amor hacia aquella maltrecha navecita. Y jamás se lo había dicho...
Marco la empujó en dirección al bosque y tiró de ella hacia la escalera. - Después de la función -prometió-. Será lo primero que hagamos -dijo, y giró sobre sí mismo para coger a Tal de las manos de Saskia y devolver el aún algo aturdido pájaro a su hombro-. ¿Estamos todos? ¿Mogul, Xtasca?
-¡Entonces será demasiado tarde, Marco!
Marco se quedó inmóvil un peldaño por encima de ella y le puso las manos sobre los antebrazos para tranquilizarla.
-No te preocupes -dijo . ¿Tan preocupada estás? Bueno, pues llámales. Diles que el dinero ya está en camino.
-Ni lo sueñes dijo Tabitha con irritación-. ¿Tienes tu cinta o has vuelto a meterla dentro de mi bolsa?
-Dijiste que la llevarías por mí.
-¿Que yo...? ¿Cuándo dije eso?
-En la fiesta.
-Un día rey seré y en reina te convertiré... -le prometió Tal, que ya parecía totalmente recuperado.
-¡Tal, cállate! -gritó Marco.
Bajaron a toda velocidad por la escalera con Xtasca yendo en último lugar.

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