El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

Página 11 de 66

quien corona de méritos la gloria.:

No leo más; y, pues no impide
mi fe otro competidor,
porque veáis que mi amor
con mi obediencia se mide,
vuelvo a la vaina el acero;
que no tengo yo de hacer
hazañas para perder
dichas que ganar espero.
FLORISEO: Cese entre los dos aquí
la lid, pues así tendrás
tú en mí una victoria más
y yo un triunfo más en ti.
Y en tan firme competencia,
siendo la pluma un puñal
que en el papel de metal
escriba sin resistencia,
firma tu nombre.
ROSICLER: Sí haré.

Firma


FLORISEO: Y yo al cielo haré testigo
de pleitear y ser tu amigo.

Firma


ROSICLER: Eso no hago yo.
FLORISEO: ¿Por qué?
ROSICLER: Porque en pleitos de afición
es vil la conformidad,
y celos sobre amistad
muy infames celos son.
Ni sé yo que honor y fama
puedan acabar conmigo
que tenga yo por amigo
a quien pretende a mi dama.
Y así hemos de ser los dos
contrarios desde este día;
que en amor no hay cortesía.
FLORISEO: Dices bien; adiós.
ROSICLER: Adiós.

Vanse FLORISEO y ROSICLER


ARMINDA: Bizarros han procedido.
SIRENE: Valiente es el Rosicler
de Tracia.
ARMINDA: Pudiera ser
habérmelo parecido,
si el competidor no fuera
el persiano Floriseo.
LINDABRIDIS: Ninguno a mis ojos creo
que ese afecto les debiera,
mientras tuviesen delante
al gallardo caballero
que, llegando a ser tercero,
tan cortés como arrogante,
fue primero en el valor,
el brío y el desenfado.
SIRENE: ¡Qué suspenso se ha quedado,
estatua viva de amor!

Sale MALANDRÍN


MALANDRÍN: Ya, señor, que se ausentaron
los dos que a reñir vinieron
y que, si no lo riñeron,
por lo menos lo parlaron,
me atrevo a llegar aquí;
que, si la cuestión durara,

Página 11 de 66
 

Paginas:
Grupo de Paginas:       

Compartir:




Diccionario: