El castillo de lindabridis (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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¿Qué más nobleza, qué más
grandeza, qué más blasón
que darse muerte mañana
los que se festejan hoy?
A tu política ruda
esta respuesta le doy;
y en cuanto a la lid que aplazas,
no ha lugar tu pretensión;
que éste no es circo de fieras,
ni aquesas campañas son
anfiteatros que muestran
espectáculos de horror,
haciendo duelo los brutos
y los hombres.
FAUNO: ¿Cómo no?
¡Vive Lindabridis, viven
sus ojos, que el tornasol
del mayor planeta agravian,
que he de ser conquistador
de su hermosura! Si noble
debo ser, tan noble soy
que en la maga Pitonisa
espíritu me engendró
angelical. A ese monte
a esperar a todos voy;
aunque el ver que no osarán
a salir es mi dolor,
como ya otra vez no osaron
a entrar. ¡Ay de uno que entró,
pues que, rendido a mis manos,
la saña y furia probó
de otra fiera, aunque haya sido
civil castigo de un dios!

Vase


MALANDRÍN: Y a todo cuanto dijere
el salvaje, mi señor...

Vase


FLORISEO: Espérame, ya te sigo.

Vase


FEBO: Aguarda, que tras ti voy.

Vase


ROSICLER: En alas de mis deseos
he de correr más veloz.

Vase


LICANOR: Remediaré tantos daños.

Vase


MERIDIÁN: De toda esta confusión
la causa fue tu hermosura;
no te lo perdone Amor.

Vase


CLARIDIANA: (A toda esta novedad Aparte
no me he declarado yo,
porque no dijese el Fauno
que a quien dio la muerte soy.
¿Qué he de hacer, ya conocida
de Febo una vez? Mejor
será mudar de consejo,
dejando la pretensión
de la guerra, y acudiendo
a las lágrimas, que son
las armas de las mujeres,
pues que ya no puedo, no,
conseguir el fin que traje.

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