La aventura del tres cuartos desaparecido (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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No obstante, ni a él ni al perro les gustó el aspecto de mi bastón, y la cosa no pasó de ahí. A partir de aquel momento, nuestras relaciones se hicieron un poco ti­rantes y ya no parecía indicado seguir haciéndole preguntas. Lo poco que he averiguado me lodijo un individuo amistoso en el patio de esta misma posada. Él me ha informado de las costumbres del doctor y sus salidas diarias. En aquel mismo instante, y como para confirmar sus palabras, llegó el coche a su puerta.
-¿No pudo usted haberlo seguido?
-¡Excelente, Watson! Está usted deslumbrante esta noche. Sí que se me pasó por la cabeza esa idea. Como tal vez haya observado, junto a nuestra posada hay una tienda de bicicletas.
Entré a toda prisa, alquilé una y conseguí ponerme en marcha antes de que el carruaje se perdiera de vista por completo. No tardé en alcanzarlo, v luego, manteniéndome a una discreta distancia de cien yardas, seguí sus luces hasta que salimos de la ciudad. Habíamos avanzado un buen trecho por la carretera rural cuando ocurrió un incidente bastante mortificante. El coche se detuvo, el doctor se apeó, se acercó rápidamente hasta donde yo me había detenido a mi vez, y me dijo con un excelente tono sarcástico que temía que la carretera fuera algo estre­cha y que esperaba que su coche no impidiera el paso de mi bicicleta. No lo habría podido expresar de un modo más admirable. Me apresuré a adelantar a su coche, seguí unas cuantas millas por la carretera principal y luego me detuve en un lugar conveniente para ver si pasaba el carruaje. Pero no se veía la menor señal de él, así que no cabe duda de que se tuvo que meter por alguna de las varias carreteras laterales que yo había visto. Volví atrás, pero no encontré ni rastro del coche. Y ahora, como ve, acaba de regresar. Por supuesto, en un principio no tenía ninguna razón especial para relacionar estas salidas con la desaparición de Godfrey Staunton, y sólo me decidí a investigarlas porque, de momento y en términos generales, nos interesa todo lo que tenga que ver con el doctor Armstrong. Pero ahora que he podido comprobar lo atentamente que vigila si alguien le sigue en esas excursiones, la cosa parece más importante, y no me quedaré satisfecho hasta haberla aclarado.
-Podemos seguirle mañana.

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