El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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órdenes.
PORCIA.- Mis gentes conocen ya mis intenciones y os escucharán, a vos y a Jessica, como
substitutos del señor Bassanio y de mí misma. Así, buena salud, hasta el próximo día de
nuestra entrevista.
LORENZO.- ¡Que hermosos pensamientos y horas alegres os acompañen!
JESSICA.- Deseo a vuestra señoría el cumplimiento de todos los votos de su corazón.
PORCIA.- Os agradezco vuestro deseo y os correspondo gozosa; adiós, Jessica. (Salen JESSICA y
LORENZO.) Ahora, Baltasar, deseo encontrarte hoy como te he encontrado siempre: honrado y
leal. Toma esta carta y emplea toda la diligencia posible en un hombre para personarte en
Padua; entrégala cuidadosamente en propia mano a mi primo, el doctor Belario; toma los
papeles y los vestidos que te dé, y llévalos, te lo ruego, con toda la velocidad imaginable, al
barco que hace el servicio de Venecia. No pierdas tiempo en palabras, sino parte; estaré allí
antes que tú.
BALTASAR.- Señora, emplearé toda la diligencia posible. (Sale.)
PORCIA.- Ven, Nerissa; tengo entre manos una empresa, de la que nada sabes todavía;
veremos a nuestros esposos más pronto de lo que ellos piensan.
NERISSA.- Y ellos, ¿nos verán?
PORCIA.- Nos verán, Nerissa; pero bajo tal ropaje, que creerán que estamos provistas de lo que
nos falta. Te apuesto lo que quieras a que, cuando ambas estemos vestidas de jovenzuelos,
seré yo el más lindo muchacho de los dos, y llevaré la daga con gracia más arrogante, y sabré
imitar mejor la voz de la edad fluctuante entre la infancia y la virilidad, cambiando
ventajosamente nuestro andar menudo por las zancadas varoniles, y hablando de pendencia
como un guapo mozo fanfarrón y diciendo mentiras bonitas. Referiré, por ejemplo, cómo
honorables damas han buscado mi amor, y no habiéndolo obtenido, han caído enfermas y
muerto de pena, pero que no puedo remediarlo; en seguida afectaré arrepentirme, y diré que,

después de todo, quisiera no haberlas muerto, y otras veinte mentiras diminutas de esta clase;
tan bien, que los hombres jurarán que no he salido del colegio desde hace más de un año.
Tengo en mi cabeza más de mil truhanerías de esos jaques jactanciosos, y me serviré de ellas.
NERISSA.- ¿Qué, vamos a cambiarnos en hombres?
PORCIA.- ¡Quita! ¡Vaya una pregunta! ¡Si tuvieras al lado algún maligno intérprete! Pero ven,

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