Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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-Toma lecciones de Amy. Ella sí que tiene talento para eso.
-Sí, ella sabe hacerlo con arte y nunca va demasiado lejos. Me imagino que será un don natural el gustar sin proponérselo, y para otras, decir siempre la cosa inoportuna en lugar inoportuno.
-Yo me alegro de que no sepas flirtear; es refrescante ver una chica sensata y derecha que sabe ser alegre y amable sin ponerse en ridículo. Entre nosotros, Jo, algunas de las chicas que conozco andan a un paso que no puedo menos de sentir vergüenza por ellas. No tienen mala intención, estoy seguro, pero si supieran el modo como los muchachos hablamos de ellas después, me parece que se corregirían un poco.
-Ellas hacen lo mismo cuando hablan de ustedes, y y como tienen la lengua más afilada, los muchachos salen perdiendo, porque ustedes son tan tontos como ellas cuando se trata de chicas. Si ustedes se portaran como se debe, ellas también lo harían, pero sabiendo que a ustedes les gustan las pavadas, les siguen el tren y ustedes luego les echan las culpas.
-Mucho sabes tú de eso -dijo Laurie con tono superior-. No nos gustan nada los marimachos ni las flirteadoras, aunque a veces nos portemos como si nos gustasen. Las chicas bonitas y recatadas nunca andan en boca de nadie, sino únicamente con respeto entre caballeros. ¡Bendita inocencia la tuya! Si pudieses estar en mi lugar durante un mes verías cosas que te asombrarían un poco.
Era imposible no reírse del cómico conflicto entre la caballeresca repugnancia de Laurie a hablar mal de la mujer y su muy natural disgusto por la tontería tan poco femenina de que hacían gala muchos ejemplares de la sociedad a la moda que él conocía por ahí. Jo sabía muy bien que "el joven Laurence" era mirado como un gran partido por muchas mamás mundanas y adulado por damas de todas las edades, lo bastante como para hacer de él un consentido petimetre; por eso precisamente lo vigilaba con celo, temiendo se echase a perder. Le regocijaba, pues, más de lo que hubiese confesado, descubrir que él valoraba a las chicas recatadas y creía en ellas. Volviendo de pronto a su tono admonitorio, le dijo:
-Si es verdad que debes encontrar una "salida" para tus sentimientos dedícate a una de las chicas bonitas y recatadas y no pierdas el tiempo con las tontas.

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