Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) Libros Clásicos

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Y dudo mucho que la traición anide en vuestro ser, Dorian Hawkmoon. Incluso en una situación que pudiera justificar la traición, o que vos la consideraseis pertinente, dudo también de que os convirtierais en un traidor. Y eso es lo que más me desconcierta de la situación. En segundo lugar, nos conocéis a los cuatro, pero nosotros no os conocemos. En tercer lugar, da la impresión de que somos los únicos cuatro emisarios enviados a este submundo en particular, y desconfío de esa coincidencia. Cuarto, a cada uno nos contaron una historia similar, que nos traicionarías en algún momento del futuro. Bien, si asumimos que hoy es ese momento del futuro, cuando los cinco nos hemos encontrado y entablado amistad, ¿qué os sugiere eso?

-¡Que todos venís de mi pasado! exclamó Hawkmoon-. Por eso me parecéis más joven, conde Brass..., y vos, Bowgentle..., y vos, Oladahn..., y vos, D´Averc...

-Gracias -dijo D´Averc con sarcasmo.

-Lo cual significa que ninguno de nosotros murió como cree... En la batalla de Tarkia, en mi caso, de enfermedad en los casos de Bowgentle y D´Averc, atacado por un oso en el caso de Oladahn...

-Exactamente -dijo Hawkmoon-, porque os conocí más tarde y todos estabais vivos. No obstante, recuerdo que una vez, Oladahn, me contasteis que un oso estuvo a punto de mataros, y vos me dijisteis que habías estado muy cerca de la muerte, conde Brass... Y vos, Bowgentle, recuerdo que mencionasteis cierta plaga de Scandia.

-¿Y yo? -preguntó D´Averc, muy interesado.

-Lo he olvidado, D´Averc..., porque vuestras enfermedades se encadenaban una tras otra, aunque yo siempre os veía rebosante de salud...

-¡Ah! ¿Se supone que estoy curado, pues?

Hawkmoon hizo caso omiso de D´Averc y continuó.

-Bien, eso significa que no vais a morir, aunque vosotros penséis que sí. Los que os han embaucado quisieron convenceros de que sobreviviríais gracias a ellos.

-Justo lo que imaginaba -asintió el conde Brass.

-Sin embargo, mi lógica no da para más -confesó Hawkmoon-, porque se nos presenta una paradoja: ¿por qué, cuando nos conocimos, no recordamos este encuentro en concreto?

-Debemos encontrar a esos malandrines y formularles esa pregunta -dijo Bowgentle-. He realizado ciertos estudios sobre la naturaleza del tiempo. Tales paradojas, según una escuela de pensamiento, tendrían que resolverse por sí mismas; se borraría de la memoria cualquier cosa contraria a la experimentación normal del tiempo. El cerebro, en definitiva, rechazaría toda inconsistencia. No obstante, existen ciertos aspectos de esa línea de razonamiento que no me acaban de convencer...

-Tal vez podríamos comentar en otro momento las implicaciones filosóficas dijo el conde Brass, malhumorado.

-El tiempo y la filosofía conforman un sólo tema, conde Brass.

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