El caso de Charles Dexter Ward (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

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Ward, es cierto, fue siempre un erudito entregado al estudio de tiempos pasados, pero ni el más brillante de los trabajos que había llevado a cabo hasta entonces revelaba la prodigiosa inteligencia que desplegó durante el curso de los interrogatorios a que le sometieron los alienistas. De hecho, la mente del joven parecía tan lúcida que fue en extremo difícil conseguir un mandamiento legal para su reclusión, y únicamente el testimonio de varias personas relacionadas con el caso y la existencia de lagunas anormales en el acervo de sus conocimientos, permitieron su internamiento. Hasta el momento de su desaparición fue un voraz lector y un gran conversador en la medida en que se lo permitía la debilidad de su voz, y perspicaces observadores, sin prever la posibilidad de su fuga, predecían que no tardaría en salir de la clínica, curado.


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Unicamente el doctor Willett, que había asistido a la madre de Ward cuando éste vino al mundo y le había visto crecer física y espiritualmente desde entonces, parecía asustado ante la idea de su futura libertad. Había pasado por una terrible experiencia y había hecho un terrible descubrimiento que no se atrevía a revelar a sus escépticos colegas. En realidad, Willett representa por sí solo un misterio de menor entidad en lo que concierne a su relación con el caso. Fue el último en ver al paciente antes de su huida y salió de aquella conversación final con una expresión, mezcla de horror y de alivio, que más de uno recordó tres horas después, cuando se conoció la noticia de la fuga.
Es este uno de los enigmas sin resolver de la clínica del doctor Waite. Una ventana abierta a una altura de sesenta pies del suelo no parece obstáculo fácil de salvar, pero lo cierto es que después de aquella conversación con Willett el joven había desaparecido. El propio médico no sabe que explicación ofrecer, aunque, por raro que parezca, está ahora mucho más tranquilo que antes de la huida. Algunos, bien es cierto, tienen la impresión de que a Willett le gustaría hablar, pero que no lo hace por temor a no ser creído. El vio a Ward en su habitación, pero poco después de su partida los enfermeros llamaron a la puerta en vano. Cuando la abrieron, el paciente había desaparecido y lo único que encontraron fue la ventana abierta y una fría brisa abrileña que arrastraba una nube de polvo gris-azulado que casi les asfixió.

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