Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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Fue una buena comida escocesa. Comieron primero un " hotchpotch", sopa en cuyo
excelente caldo nadaban pedazos de carne. Según decía Simon Ford, su compañera no
tenía rival en esto de preparar el "hotchpotch".
Lo mismo decía del "cockyleeky", guisado de gallina con puerros, que no mereció más
que elogios.
El todo fue regado con una excelente cerveza de las mejores fábricas de Edimburgo.
Pero el plato principal consistió en un "haggis", pudding nacional hecho de carnes y
fécula de cebada. Este notable plato que inspiró al poeta Burns una de sus mejores odas,
tuvo la suerte reservada a todas las cosas buenas de este mundo: pasó como un sueño.
Margarita recibió los sinceros cumplimientos de su huésped.
El almuerzo terminó por unos postres compuestos de queso y "cakes", pasta de avena
delicadamente preparada, acompañada de algunas copas de "usquebauh", excelente
aguardiente de uva que tenía veinte y cinco años, justamente la edad de Harry.
El almuerzo duró muy bien una hora. Jacobo Starr y Simon Ford no sólo habían
comido, sino hablado en abundancia, principalmente del pasado de la mina Aberfoyle.
Harry había sido el más callado. Dos veces había abandonado la mesa y aún la casa.
Era evidente que sentía alguna inquietud desde el incidente de la piedra, y quería
observar los alrededores de la choza. La carta anónima tampoco era cosa que le
tranquilizaba. Durante una de estas ausencias el ingeniero dijo a Simon Ford y a
Margarita:
-Tenéis un bravo mozo, amigos míos.
-Sí, señor Starr, es un ser bueno y leal, respondió con presteza el capataz.
-¿Y está contento con vos en la choza?
-No quiere abandonamos.
-¿Pensaréis en casarle, sin embargo?
-¡Casar a Harry! exclamó Simon Ford..¿Y con quién? con una joven de allá arriba,
que pensaría en fiestas y en bailes y que preferiría su clan a nuestra mina. Harry no
querría...
-Simon, dijo Margarita, no exigirás sin embargo que nuestro Harry no se case nunca.
-Yo no exigiré nada, respondió el capataz; pero eso no nos apura ahora. Quién sabe si
no le encontraremos. . .
Harry entró en este momento y Simon Ford se calló.
Cuando Margarita se levantó de la mesa, todos la imitaron y fueron a sentarse un
momento a la puerta de la choza.
-Simon, dijo el ingeniero, ya os escucho

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