Las Indias Negras (Julio Verne) Libros Clásicos

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Harry, y cuando dio a conocer este hecho a su padre, ni el viejo capataz, ni él, pudieron
resolver la cuestión de un modo satisfactorio.
-Es singular, se decía muchas veces Harry; la presencia en la mina de un ser
desconocido, parece imposible, y sin embargo, ya no puede ponerse en duda. ¿Habrá al-
guno más que nosotros que busque también si existe algutia vena explotable? ¿O más
bien tratará de aniquilar lo que quede de las minas de Aberfoyle? ¿Pero con qué objeto?
¡Yo lo averiguaré aunqtie me haya de costar la vida!
Quince días antes de éste en que Harry Ford guiaba al ingeniero por el dédalo de la
mina Dochart, había creído llegar al fin de sus investigaciones.
Recorría la extremidad Suroeste de la mina, con un poderoso farol en la mano.
De repente le pareció ver que acababa de apagarse una luz, como a unos cien pasos
delante de él, en el fonda de una estrecha chimenea, que cortaba oblicuamente el muro.
Se precipitó hacia la luz sospechosa...
¡Trabajo inútil! Como Harry no admitía para los hechos físicos explicación
sobrenatural, dedujo de aquí que realmente vagaba por la mina un ser desconocido. Pero
por más que hizo, registrando con el mayor cuidado, hasta los menores rincones de la
galería, el ser desconocido había desaparecido y no pudo llegar a ninguna certidumbre.
Harry se encomendó, pues, a la casualidad para descubrir este misterio. De tiempo en
tiempo volvió a ver aparecer resplandores que vagaban de un lado a otro como fuegos
fatuos, pero su aparición duraba lo que un relámpago; y era preciso renunciar a descubrir
su causa.
Si Jack Ryan y los demás supersticiosos de la mina hubiesen visto estas luces
fantásticas, no habrían dejado seguramente de creer en algo sobrenatural.
Pero Harry no pensaba en ello siquiera. El viejo Simon tampoco. Y cuando hablaban
los dos de estos fenómenos, debidos indudablemente a una causa física, decía el capataz:
-¡Hijo mío, esperemos! ¡Todo esto se explicará algún día!
Sin embargo, preciso es observar que nunca hasta entonces, ni Harry ni su padre habían
sido objeto de ningún acto de violencia.
Si la piedra que había caído aquel mismo día a los pies de Jacobo Starr había sido
lanzada por la mano de un malhechor, era el primer acto criminal de este genero.

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