A vuestro gusto (William Shakespeare) Libros Clásicos

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rices contra él
ROSALINDA.- iOh Jove, Jove! La pasión de est
pastor se parece mucho a la mía
PIEDRA.-Y a la mía; pero ya se me va poniendo u
poco rancia aquí dentro
CELIA.- Os ruego que uno de vosotros pregunte
aquel hombre, si nos dará por oro algún alimento
Estoy medio muerta de desmayo
PIEDRA.- ¡Hola! ¡a ti, villano
ROSALINDA.- Silencio, bufón: no es pariente tuyo
CORINO.- ¿Quién llama
PIEDRA.- Tus superiores, pobre hombre
CORINO.- Muy desvalidos han de ser, si son mi
iguales
ROSALINDA.- Silencio, digo. Muy buenas tardes
amigo
CORINO.-Y a vos, gentil caballero, y a todos vo
sotros
ROSALINDA.- Ruégote, pastor, que si el afecto o e
oro pueden comprar algún refrigerio en este de
sierto, nos procures algo con qué reposar y alimen
tarnos. He aquí una joven doncella fatigada e

demasía por el viaje y que se desmaya por falta de socorro. CORINO.- La compadezco, gentil señor, y, quisiera por su bien más que por el mío que mis recursos fuesen mayores para aliviarla; pero soy pastor al servicio de otro hombre, y no trasquilo el rebaño que apaciento. Mi dueño es de carácter duro, y no se cuida de encontrar el camino del cielo por actos de hospitalidad. Por otra parte, su ejido, sus ganados y sus pastos están en venta; y con motivo de su au­sencia, no hay en nuestro cortijo cosa con que pu­dierais alimentaros; pero venid y veréis lo que hay, que por mi parte seréis bienvenidos. ROSALINDA.- ¿Y quién comprará sus rebaños y sus pastos? CORINO.- Aquel joven zagal, que visteis poco ha, y que tiene muy poco interés en comprar algo. ROSALINDA.- Te suplico que, guardando los fue­ros de la honradez, compres tú la casa los pastos y rebaños. Te daremos con qué pagarlos. CELIA.-Y aumentaremos tu salario. Gústame el si­tio, y de buena gana pasaría en él mi tiempo. CORINO.- Que todo está para vender, es seguro. Venid conmigo, y si os agradan los informes sobre el suelo, las ganancias y este género de vida, seré vuestro fiel labrador, y lo compraré todo con vues­tro oro sin perder momento. (Salen.)

ESCENA V
(Entran AMIENS, SANTIAGO y Otros)
CANTO
AMIENS.- Quien bajo el árbol frondoso desee ya­cer conmigo, y ajustar su alegre canto del ave a los dulces trinos, que venga hacia aquí, que venga, don-de no hay más enemigo que el invierno y la tor-menta, las tempestades y el frío.

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