Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Éste es un animal a quien ha criado desde su más tierna infancia y a quien salvé de un naufragio con tres o cuatro hermanos y hermanas ciegos. Lo he instruido tan cuidadosamente como quien hubiera de decir: «Así se educa a un perro». Mi amo me había mandado ir a ofrecer como regalo a doña Silvia, pero en cuanto entré en el comedor, emprendió carrera en derechura a la despensa y se apoderó de una pierna de capón. ¡Oh! ¡Es terrible que un perro no sepa portarse bien en sociedad! Para mí un perro debiera proponerse ser un verdadero perro, un perro en todo y por todo. Gracias a que he tenido el ingenio de decir que había sido yo el culpable, que si no, tan seguro como estoy aquí que acabo en la horca. Vais a juzgar. Imaginaos que debajo de la mesa del duque se mezcla en la compañía de tres o cuatro perros bien nacidos. No hacía dos minutos que estaba allí, cuando -advertí esto- el olfato de todos los convidados notó su presencia. «¡Fuera ese perro!» -dice uno-. «¿Qué perro es ése?» -dice otro-. «¡Echadle!» -añade un tercero-. «¡Que lo ahorquen!» -exclama el duque-. Yo, cuya nariz hacía mucho tiempo que estaba enterada, reconocí a mi Crab. Fui al encuentro del que ya blandía el látigo y le dije: «Amigo, vais a zurrar a ese perro, ¿no es eso?...» «¡Vive Dios! ¡Pues claro!» -me contestó-. «Eso será una injusticia -repliqué-, pues he sido yo quien ha cometido la falta». Con lo que, sin más ceremonia, me echaron a la calle a puntapiés. ¿Qué amos harían otro tanto por sus criados? ¡Palabra de honor! Infinitas veces he pisado la cárcel por robar mi perro pasteles. En una ocasión me pusieron en la picota por haber matado él unas ocas. Y ahora... ¡Sinvergüenza, has olvidado ya todo eso! ¡Granuja! ¡Recuerdo la partida que me has jugado al despedirme de doña Silvia! ¿No te había encomendado tener fijos en mí los ojos y hacer cuanto yo hiciera? ¿Cuándo me has visto a mí levantar la pierna y ensuciar las faldas de una dama? ¿Cuándo me has visto cometer semejante falta de educación? ¡Dilo! (Entra PROTEO con JULIA, vestida de paje.)
     PROTEO. -¿Es tu nombre Sebastián? Me gustas, y tengo que encargarte en seguida un importante servicio.
     JULIA. -Como os plazca. Estoy a vuestras órdenes.
     PROTEO. -Te lo agradeceré.

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