Romeo y Julieta (William Shakespeare) Libros Clásicos

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¿Qué voz tan suave saluda tan pronto?
Hijo, despedirse del lecho a estas horas
dice que a tu mente algo la trastorna.
La preocupación desvela a los viejos
y donde se aloja, no reside el sueño;
mas donde la mocedad franca y exenta
extiende sus miembros, el sueño gobierna.
Si hoy madrugas, me inclino a pensar
que te ha levantado alguna ansiedad.
O, si no, y entonces seguro que acierto,
esta noche no se ha acostado Romeo.
ROMEO
Habéis acertado, pero fue una dicha.
FRAY LORENZO
¡Dios borre el pecado! ¿Viste a Rosalina?
ROMEO
¿Cómo Rosalina? No, buen padre, no.
Ya olvidé ese nombre y el pesar que dio.
FRAY LORENZO
Bien hecho, hijo mío. Mas, ¿dónde has estado?
ROMEO
Dejad que os lo diga sin gastar preámbulos.
He ido a la fiesta del que es mi enemigo,
donde alguien de pronto me ha dejado herido,
y yo he herido a alguien. Nuestra curación
está en vuestra mano y santa labor.
No me mueve el odio, padre, pues mi ruego
para mi enemigo también es benéfico.
FRAY LORENZO
Habla claro, hijo: confesión de enigmas
solamente trae absolución ambigua.
ROMEO
Pues oíd: la amada que llena mi pecho
es la bella hija del gran Capuleto.
Le he dado mi alma, y ella a mí la suya;
ya estamos unidos, salvo lo que una
vuestro sacramento. Dónde, cómo y cuándo
la vi, cortejé, y juramos amarnos,
os lo diré de camino; lo que os pido
es que accedáis a casarnos hoy mismo.
FRAY LORENZO
¡Por San Francisco bendito, cómo cambias!
¿Así a Rosalina, amor de tu alma,
ya has abandonado? El joven amor
sólo está en los ojos, no en el corazón.
¡Jesús y María! Por tu Rosalina
bañó un océano tus mustias mejillas.
¡Cuánta agua salada has tirado en vano,
sazonando amor, para no gustarlo!

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