Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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desa tu amorosa estambre,
aquí con sed o con hambre,
a la larga o a la corta?
Mas creo que no has querido
olvidarme en este estrecho,
que has visto sano mi pecho,
aunque tan roto el vestido.
Desde agora claro entiendo
que el poder que en ti se encierra
abraza el cielo y la tierra,
y más que no comprehendo.
Una cosa te pidiera,
si en esa tu condición
una sombra de razón
por entre mil sombras viera;
y es que, pues fuiste la causa
de acabarme y destruirme,
que en el contino herirme
hagas un momento pausa.
Yo no te pido que salgas
de mi pecho, pues no puedes;
antes, te pido que quedes,
y en este trance me valgas.
Mira que se me apareja
una muy fiera batalla,
y que no he de atropellalla
si tu consejo me deja.
Del lugar do me pusiste,
me procuran derribar;
pero, ¿quién podrá bajar
lo que tú una vez subiste?
Ya viene Zahara y su arenga;
¡ay, enfadosa porfía;
cómo que me falta el día
antes que la noche venga!
¡Valedme, Silvia, bien mío,
que, si vos me dais ayuda,
de guerra más ardua y cruda
llevar la palma confío!

Entra agora ZAHARA, ama de AURELIO, y
FÁTIMA, criada de ZAHARA.

ZAHARA ¡Aurelio!
AURELIO Señora mía...
ZAHARA Si tú por tal me tuvieras,
a fe que luego hicieras

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