Riquezas peruanas: colección de artículos descriptivos escritos para La Tribuna (Modesto Basadre y Chocano) Libros Clásicos

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pulgadas de diámetro, hasta perforar el total grosor de la costra, y
encontrar la tierra vegetal, que cubre el caliche en pequeñas cantidades.
Alcanzada la tierra, se hace bajar un muchacho, por el agujero, al fondo;
éste, por medio de capachos de cuero, hace sacar alguna cantidad [47] de
tierra, y en el hueco o taza, deposita tanta pólvora cuanta sea precisa,
según el grosor de la costra, para romperla y volarla. La cantidad de
pólvora la indica el capataz de la punta de barreteros, que han roto la
costra; y es operación delicada, pues mucha pólvora haría volar a
demasiada distancia los trozos de costra, y poca, rompería la costra sin
removerla lo suficiente. Según el número de barreteros, y según el grosor
de la costra, se preparan tantos tiros, y como cada tiro tiene su guía
especial, a las cinco de la tarde se prenden las guías, y en rápida
sucesión revientan las cargas de pólvora, rompiendo las costras y
removiendo sus destrozados pedazos. Al día siguiente, los mismos
barreteros, con gran cantidad de palancas de fierro, mueven los trozos de
costra y descubren el caliche, que muchas veces rompen con sus barretas,
pero que en otras tienen que emplear la pólvora, por hallarse muy
cristalizado el caliche, circunstancia que lo endurece mucho. El
Administrador de la Oficina, en atención a la dureza y grosor de la
costra, abona a los barreteros a tanto la carretada de caliche que
extrajeran; sistema racional, pues se abona al peón según su empeño y
contracción al trabajo. Cada cuadrilla de barreteros recibe de la Oficina

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