El banquete (Orazio Bagnasco) Libros Clásicos

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- Membrillos y granadas: 150 libras. - Gajos de nuez: 300 libras. - Avellanas frescas y secas: 260 libras. De vez en cuando, mientras seguían el recuento, los dos asistentes arrojaban desde las carretas, ora una cesta de salchichas, ora unos grandes trozos de tocino o unos jamones de jabalí. Algunos de sus compadres cogían al vuelo lo que lanzaban y lo cargaban en una carreta vecina. Nadie parecía preocupado por la presencia del Gran Veedor, quien al menos tenía dos buenos motivos para no moverse de su puesto. Por nada del mundo hubiera apartado de la hoguera sus magros huesos, que le parecían a punto de congelarse; además, sabía perfectamente que la mitad de lo robado iría a parar a su escarcela. Los asistentes, no satisfechos con todo lo que hurtaban de acuerdo con sus compinches, se metían sartas de salchichas, sobrasadas y hormas enteras de queso en los amplios bolsillos de sus ropones. Al gran patio continuaban llegando carretas con todo lo necesario para el colosal y suntuosísimo ágape para más de ochocientas personas, que al cabo de pocos días tendría lugar en el castillo. El número de carros era tal que una buena parte del descampado comenzaba a saturarse. El resto de los víveres se conseguirían en los alrededores, en la colina y las llanuras que rodeaban el burgo. Comenzaron a llegar carros más grandes cargados de toneles: - Malvasía: 18 toneles. - Romania: 7 toneles. - Bastardo: 21 toneles. - Greco de Somma: 19 toneles. -Garnacha: 32 toneles. No era fácil hacer desaparecer los toneles, pero las frases breves, los guiños y las señas de complicidad que los dos asistentes intercambiaban con los carreteros permitían suponer que, por lo menos, una parte de aquel vino sería sustraída.

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