La lucha por la vida I (Pío Baroja) Libros Clásicos

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garrotazo en la cabeza que lo dejó atontado. Trató el muchacho de volver
a acometer al hijo del carnicero; dos o tres individuos le empujaron y lo
zarandearon hasta ponerle en la carretera, a la puerta de la fonda.

-¡Hambrón!... Golfo -gritaba Manuel.

-Expresiones en casa -le dijo una de las amigas de la justa con sorna
-y canalla novedá.

Manuel, avergonzado y sediento de venganza, medio aturdido aún con
el golpe, se tapó la cara con la boina y fue andando por el camino,
llorando de rabia. Al poco tiempo sintió alguien que se le acercaba
corriendo tras él.

-Manuel, Manolillo -le dijo la justa con voz cariñosa y burlona-, ¿qué
tienes?

Manuel respiró fuerte y se le escapó un largo sollozo de dolor.

-¿Qué tienes? Anda, vuelve. Iremos juntos.

-No, no; déjame.

Luego no supo qué resolución tomar, y sin hablar más, echó a correr
camino de Madrid.

La carrera secó sus lágrimas y reanimó sus iras. Estaba dispuesto a


La lucha por la vida I. La busca

no volver a casa del señor Custodio, aunque se muriera de hambre.

La ira le subía en oleadas a la garganta; sentía furor negro, vagas ideas
de acometer, de destruir todo, de echar todas las cosas al suelo y
despanzurrar a todos los hombres.

El prometía al Carnicerín que, si alguna vez le encontraba a solas, le
echaría las zarpas al cuello hasta estrangularle, le abriría en canal como
a los cerdos y le colgaría con la cabeza para abajo y un palo entre las

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