La lucha por la vida II (Pío Baroja) Libros Clásicos

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Viven como hombres que poseyeran de los genios sus enfermedades y sus vicios, pero no su talento ni su corazón; vegetan en una atmósfera de pequeñas intrigas, de mezquindades torpes. Son incapaces de realizar una cosa. Quizá haya algo de genial, yo no digo queno, en esos monstruos de Álex, en esas poesías de Santillana; pero eso no basta: hay que ejecutar lo que se ha pensado, lo que se ha sentido, y para eso se necesita el trabajo diario, constante. Es como un niño que nace, y la comparación, aunque es vieja, es exacta: la madre le pare con dolor, luego le alimenta en su pecho y le cuida hasta que crece y se hace fuerte. Esos quieren hacer de golpe y porrazo una obra hermosa y no hacen más que hablar y Hablar.
Roberto se detuvo para tomar aliento, y continuó con más dulzura:
-Aun así, ellos tienen la ventaja de estar en la corriente, se conocen unos a otros, conocen a los periodistas, y, amigo, la prensa hoy es una fuerza bruta. Pero tú no, tú no puedes acercarte a la prensa; necesitarías siete u ocho años de preparación, de buscar amistades, recomendaciones. Y mientras tanto, ¿de qué comes?
-No, si yo no quiero ser como ellos. Yo ya sé que soy un obrero.
-¡Obrero! ¡Quia! Ojalá lo fueras. Hoy no eres más que un vago, y debes hacerte obrero. Lo que soy yo, lo que somos todos los que trabajamos.
Muévete, actívate. Ahora la actividad para ti es un esfuerzo; haz algo; repite lo que hagas, hasta que la actividad para ti sea una costumbre. Convierte tu vida estática en vida dinámica.

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