El crimen de Lord Arthur Saville (Oscar Wilde) Libros Clásicos

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Se puso pálido de emoción, y comenzó a leer. La pequeña noticia decía lo siguiente:

«Ayer en la mañana, a la siete, el cuerpo de míster Septimus R. Podgers, eminente quiromántico, fue arrojado por las aguas a las orillas de Greenwich, frente al hotel Ship. El desgraciado señor había sido echado de menos durante varios días, y una gran ansiedad se había dejado sentir en los círculos quirománticos. Parece ser que se suicidó bajo el influjo de una depresión mental pasajera, causada por exceso de trabajo, y el veredicto concerniente a este caso fue entregado esta tarde por los médicos forenses. Míster Podgers acababa de terminar un extenso tratado sobre el tema de la mano humana, que será publicado en fecha próxima y que indudablemente habrá de atraer la atención de un gran público. El difunto tenía 65 años, y no parece que haya dejado parientes.»
Lord Arthur salió precipitadamente del club con el periódico aún en la mano, y provocando el asombro del ujier que en vano quiso detenerle.
Sin perder momento fue a Párk Lane. Sybil le vio venir desde la ventana y tuvo el presentimiento de que traía buenas noticias. Bajó corriendo a recibirle, y al mirarle a la cara comprendió que todo marchaba bien.
-¡Mi querida Sybil! -gritó¡casémonos mañana!
-¡Locuelo! ¡Pero si el pastel ni siquiera ha sido encargado! -exclamó Sybil riendo entre lágrimas.

CAPITULO VI

Cuando se consumó la boda, tres semanas más tarde, St. Peter estaba lleno de gente distinguida y elegante. La ceremonia fue solemne y las palabras rituales leídas con un acento impresionante por el deán de Chichester, y todos estuvieron de acuerdo al admitir que nunca habían visto una pareja más hermosa que la que formaban el novio y la novia. Aún más que bellos, se veían felices. Ni por un solo instante lord Arthur lamentó todo lo que había tenido que sufrir en bien de Sybil, mientras ella, por su parte, le entregó lo mejor que una mujer puede entregar a un hombre: adoración, ternura y amor. Para ellos la realidad no mató el romance. Siempre se sintieron jóvenes.

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