El Conde Lucanor (Juan Manuel) Libros Clásicos

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Et vós, señor conde Lucanor, por este enbargo que vos agora vino, non vos quexedes, et tenet por çierto en vuestro coraçón que todo lo que Dios faze, que aquello es lo mejor; et si lo assí pensáredes, Él vos lo sacará todo a bien. Pero devedes entender que las cosas que acaesçen son en dos maneras: la una es que si viene a omne algún enbargo en que se puede po­ner algún consejo; la otra es que si viene algún enbargo en que se non puede poner ningún consejo. Et en los enbargos que se puede poner algún consejo, deve fazer omne cuanto pudiere por lo poner ý et non lo deve dexar por atender que por voluntad de Dios o por aventura se endereçará, ca esto sería tentar a Dios; mas, pues el omne ha entendimiento et razón, todas las cosas que fazer pudiere por poner consejo en las cosas quel’ acaesçieren, dévelo facer; mas en las cosas en que non puede poner ý ningún consejo, aquellas deve omne tener que pues se fazen por voluntad de Dios, que aquello es lo mejor. Et pues esto que a vos acaesçió es de las cosas que vienen por voluntad de Dios, et en que se non puede poner con­sejo, poned en vuestro talante que, pues Dios lo faze, que es lo mejor; et Dios lo guisará que se faga assí como lo vós tenedes en coraçón.
El conde tovo que Patronio le dezía la verdat et le dava buen consejo, et fízolo assí, et fallóse ende bien.
Et porque don Johan tovo este por buen enxiemplo, fízolo escrivir en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Non te quexes por lo que Dios fiziere, ca por tu bien sería cuando Él quisiere.
Et la estoria deste exienplo es ésta que se sigue:

Exemplo XIX
De lo que contesçió a los cuervos con los búho

Fablava un día el conde Lucanor con Patronio, su consejero, et díxol’:
-Patronio, yo he contienda con un omne muy poderoso; et aquel mio ene­migo avía en su casa un su pariente et su criado, et omne a quien avía fecho mucho bien.

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