Reconquistar Plenty (Colin Greenland) Libros Clásicos

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El truco pareció funcionar. O quizá sólo fuese un ritual, igual que cuando trataba con un cliente vivo.
-Tanto dinero.
-Tiene que hacer una reparación en la nave antes de llevarnos -dijo Marco.
-Pero necesito los doscientos cincuenta escutari antes de poder hacer la reparación -le corrigió Tabitha-. Por haberle traído aquí... -añadió.
-No sé, Marco... -dijo Hannah Soo. Era como si Tabitha no hubiese abierto la boca-. Es mucho dinero.
Marco se inclinó sobre ella y movió las manos a toda velocidad delante de aquel par de ojos ciegos.
-Hannah, tenemos que resolver este asunto ahora mismo. Lo que intento decirte es que... Bueno, no podemos perder el tiempo discutiendo, de veras. Ya hablaremos de ello después de la función.
-¿Y el transporte regular? ¿Qué ha sido de los Armstrong Súilleabháin? Eran unos chicos muy agradables...
-No se podía confiar en ellos, Hannah -dijo Marco-. Tuve que prescindir de sus servicios. Tabitha es distinta. Se puede confiar en ella.
-Ssssí... -murmuró pensativamente la caja vocal de Hannah-. Veo que su aura es muy intensa. Creo que has sabido escoger con acierto, Marco. Su contribución será decisiva.
-Estupendo -dijo Tabitha-. Bueno, he de confesar que me encanta oírselo decir.
Frunció el ceño y contempló a los que le rodeaban. Todos rehuyeron su mirada..., todos menos Xtasca. Xtasca seguía con los ojos clavados en ella. Era como estar delante de un ídolo acurrucado sobre una bandeja de acero inoxidable, un ídolo de ébano con rubíes por ojos.
Tabitha se apresuró a desviar la mirada.
-Bueno, ¿y qué hay de su contribución? -preguntó volviendo la cabeza hacia Hannah. Intentó patear una pella de tierra inexistente. El sonido le hizo pensar que había una capa de espuma de roca oculta debajo de la hierba-. Si no consigo mis doscientos cincuenta escutari ahora mismo no tendrán ninguna maldita nave en la que viajar -dijo poniendo mucho énfasis en cada palabra- . Marco puede explicárselo todo. ¿Hay algún teléfono cerca de aquí? Tengo que hacer una llamada.
-Tienes que entregarle su dinero ahora mismo, Marco -murmuró la muerta.
-No tengo dinero -replicó Marco.
-Yo tampoco, querido -dijo la caja vocal de Hannah Soo.
El tono de voz se había vuelto repentinamente seco, o quizá sólo fuera un fallo momentáneo de la maquinaria.
-Usted vive aquí -dijo Tabitha, y apenas hubo hablado se dio cuenta de que quizá no había escogido el verbo más adecuado a la situación-, ¿y espera que me crea eso?

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