Las manos blancas no ofenden (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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FEDERICO: Fácil respuesta ha tenido
la duda. A serviros vine.
SERAFINA: Que lo contrario imagine
es fuerza, pues sólo ha sido
a darme enojos.
FEDERICO: ¿Yo?
SERAFINA: Sí;
pues en el primer empeño
quisisteis haceros dueño
de la acción que a otro debí;
y en este segundo...
FEDERICO: (¡Ay Dios!)
SERAFINA: mostráis (todo lo he entendido)
que, por haberme servido
Enrique, os ofende a vos;
y así quisiera saber
si es, llegándolo a apurar,
esto ofender u obligar.
FEDERICO: Es obligar y ofender.
SERAFINA: ¿Obligar y ofender?
FEDERICO: Sí.
SERAFINA: ¿Ofensa y obligación
no implican contradicción?
FEDERICO: En todos, pero no en mí.
SERAFINA: ¿Cómo? que medio no hallo.
FEDERICO: Como yo ofendo y obligo
a un tiempo con lo que digo,
y a un tiempo con lo que callo.
SERAFINA: Eso no entiendo.
FEDERICO: Yo sí.
SERAFINA: Declaraos más.
FEDERICO: No puedo.
SERAFINA: ¿Por qué?
FEDERICO: Porque tengo miedo.
SERAFINA: ¿De qué?
FEDERICO: De que contra mí
os he de hallar, aunque esté
de mi parte la razón.
SERAFINA: No haré tal; a vuestra acción,
si la tiene, la daré.
FEDERICO: ¿De manera que, si aquí
tuviese disculpa yo,
no seréis contra mí?
SERAFINA: No.
FEDERICO: ¿Seréis en mi favor?
FEDERICO: Sí.
FEDERICO: ¿Y si es lo que habéis de oír
contra Enrique?
SERAFINA: Aunque sea, hablad.
FEDERICO: Pues sabed... Mas esperad.
Que aun no lo puedo decir.

Al irse a entrar FEDERICO, sale CÉSAR


SERAFINA: Volved...
CÉSAR: ¿Qué es esto?
FEDERICO: No sé;
si ya no es (¡ay Celia bella!)
el fatal fin de mi estrella;
y pues al paso te hallé,
tras el pasado favor,
de parte mía la di
tenga entendido de mí
que soy enigma de amor.

Vase ENRIQUE


SERAFINA: (¿Quién, en [igual confusión],
habrá que discurrir pueda?)

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