La dama y el duende (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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que ya ni puedo esconderme
ni volver a salir puedo.

Sale COSME con luz


COSME: Duende mi señor, si acaso
obligan los rendimientos
a los duendes bien nacidos,
humildemente le ruego
que no se acuerde de mí
en sus muchos embelecos,
y esto por cuatro razones.
La primera, yo me entiendo.

Va andando e ISABEL detrás de él
huyendo de que no la vea


La segunda, usted lo sabe.
La tercera, por aquello
de que al buen entendedor.
La cuarta, por estos versos.
"Señor, dama duende, duélase de mí
que soy niño y solo y nunca en tal me vi."
ISABEL: Ya con la luz he cobrado
el tino del aposento,
y él no me ha visto. Si aquí
se la mato, será cierto
que mientras la va a encender
salir a mi cuarto puedo;
que cuando sienta el rüido
no me verá por lo menos
y, a dos daños el menor.
COSME: ¿Qué gran músico es el miedo!
ISABEL: Esto ha de ser de esta suerte.

Dale un porrazo y mátale la luz


COSME: ¡Verbo caro fiteor Deo!
¡Que me han muerto!
ISABEL: Ahora podré
escaparme.

Al querer huír ISABEL, sale don MANUEL


MANUEL: ¿Qué es aquesto?
Cosme, ¿cómo estás sin luz?
COSME: Como a los dos nos ha muerto
la luz el duende de un soplo
y a mí de un golpe.
MANUEL: Tu miedo
te hará creer esas cosas.
COSME: Bien a mi costa las creo.
ISABEL: (¡Oh, si la puerta topase!) Aparte
MANUEL: ¿Quién está aquí?

Topa ISABEL con don MANUEL y él la tiene del
azafate


ISABEL: (Peor es esto; Aparte
que con el amo he encontrado.)
MANUEL: Trae luz, Cosme, que ya tengo

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