Las armas de la hermosura (Pedro Calderón de la Barca) Libros Clásicos

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1355 invasiones de Sabinio;
y en ésta aun con más instancia,
por ocupar mayor puesto;
con que a ninguno le alcanza
mayor parte en las deshechas
1360 fortunas en que hoy le halla
la corta ausencia de haber i.e., mi ausencia
ido en convoy de una dama,
de orden suya, hasta ponerla
en salvo en su misma patria.
1365 VETURIA: Según eso ¿no sabrás
por extenso lo que pasa?
ENIO: Sé el decreto del Senado,
sé que, ofendida y airada,
diste en público la queja,
1370 sé que tomó la demanda

en favor de las mujeres.
Desde aquí, señora, hasta
hallarle preso, no sé
de cierto las circunstancias,
1375 porque nuevas de camino
siempre se cuentan tan varias,

que el deseo de saberlas
se hace razón de dudarlas.
VETURIA: Pues si hasta aquí sabes, oye
1380 desde aquí lo que te falta.
Resuelto, pues, Coriolano
en volver por nuestra fama, defender
toda la milicia suya
tomó la voz, empeñada
1385 en que igual ley el Senado
había de revocarla.
Él, empeñado también
en que, una vez promulgada,
había de mantener
1390 inviolable su observancia,
dando nombre de traidor
motín a la repugnancia,
echó bando de que, pena edicto
de serlo, ninguno osara
1395 a seguir a Coriolano,
dejando desamparada
de favor a la justicia;
con que la nota de infamia,
arrastrando tras sí al pueblo,
1400 puso a toda Roma en arma.
En vano será decirte
que no hubo calle ni plaza
que no fuese lastimoso
teatro* de mortales ansias**.

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