El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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hora.
SALARINO.- Eso es lo mejor.
(Salen SALARINO y SALANIO.)
GRACIANO.- ¿No era esa carta de la bella Jessica?
LORENZO.- Fuerza es que te lo diga todo. Me informa de la manera que debo raptarla de la
casa de su padre; me indica que se ha provisto de oro, de joyas y se ha procurado un disfraz de
paje. Si alguna vez el judío, su padre, entra en el Paraíso, no será más que en consideración de
su encantadora hija, y si alguna vez la mala fortuna obstruye el camino de Jessica, no podría
hacer valer otra excusa que esta: que es la hija de un judío infiel. Vamos, ven conmigo; revisa
de paso esta carta. La bella Jessica será mi porta antorcha. (Salen.)

Escena V
Venecia. -Delante de la casa de SHYLOCK.
Entran SHYLOCK y LAUNCELOT.
SHYLOCK.- Bien; tú verás; tus ojos harán la distinción entre el viejo Shylock y Bassanio. ¡Eh,
Jessica! No te atracarás, como has hecho en mi casa. ¡Eh, Jessica! Ni te darás a dormir y a
roncar y a destrozar el traje. ¡Eh, Jessica, digo!
LAUNCELOT.- ¡Eh, Jessica!
SHYLOCK.- ¿Quién te manda llamar? No te he ordenado que llames.
LAUNCELOT.- Vuestra señoría tenía el hábito de reprocharme el no poder jamás hacer nada sin
órdenes.
(Entra JESSICA.)
JESSICA.- ¿Me llamáis? ¿Qué queréis?
SHYLOCK.- Estoy invitado a cenar, Jessica; he aquí mis llaves. Pero ¿por qué había de ir? No es
por afecto por lo que me invitan; quieren adularme. ¡Bah! Iré por odio, nada más que por
hartarme a expensas del pródigo cristiano. Jessica, hija mía, vigila en la casa. Salgo
verdaderamente contra mi deseo; algo se fragua contra mi reposo, pues he soñado esta noche
con sacos de dinero.
LAUNCELOT.- Os ruego, señor, que vayáis; mi joven amo aguarda vuestra «desgracia».
SHYLOCK.- Y yo la suya.
LAUNCELOT.- Y han conspirado juntos...; no quiero deciros que veréis una mascarada, pero si
la veis no fue entonces baldío el que mi nariz sangrara el último lunes de Pascua, a las seis de
la mañana, que caía este año el mismo día que el miércoles de Ceniza de hace cuatro años por
la tarde.
SHYLOCK.- ¡Cómo! ¿Hay máscaras? Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y

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