El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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SALANIO.- A fe que todos los chicos de Venecia le siguen gritando: «¡Sus piedras, su hija, sus
ducados!»
SALARINO.- Que el bueno de Antonio ponga mucho cuidado en ser exacto el día dicho, o será
él quien pague por esta aventura.
SALANIO.- ¡Pardiez!, me recordáis a este propósito que ayer, hablando con un francés, me dijo
que en los mares estrechos que separan Francia de Inglaterra, un barco de nuestro país, con
rico cargamento, había naufragado; pensé en Antonio cuando me lo dijo, y en silencio anhelé
que ese buque no fuera suyo.
SALARINO.- Haríais bien en informar a Antonio de lo que habéis oído; sin embargo, no lo
hagáis precipitadamente, porque eso podría entristecerle.
SALANIO.- No pisa la tierra caballero más bondadoso. Los he visto separarse a Bassanio y a él.
Bassanio le decía que apresuraría su regreso. Él ha respondido: «No hagáis tal, no estropeéis
vuestro negocio por un exceso de precipitación a causa mía, Bassanio, sino tomaos todo el
tiempo necesario para que pueda madurar. En cuanto al pagaré que puse en manos del judío,
no inquietéis por ello a vuestro enamorado espíritu; estad alegre y emplead vuestros mejores

pensamientos en hacer vuestra corte y en desplegar todas las bellas pruebas de amor que os
sea conveniente mostrar». Y entonces, con los ojos llenos de lágrimas, volviendo la cara, le ha
tendido la mano por detrás y, con una ternura singularmente expresiva, ha oprimido la de
Bassanio; luego se han separado.
SALARINO.- Creo verdaderamente que no vive en este mundo más que para Bassanio.
Partamos, te lo ruego; tratemos de encontrarle y de sacudir esa melancolía que se ha
apoderado de él por una causa o por otra.
SALANIO.- Sí, hagámoslo. (Salen.)
Escena IX
Belmont. -Una sala en el castillo de PORCIA.
Entra NERISSA con un criado.
NERISSA.- Pronto, pronto, te lo suplico; descorre inmediatamente la cortina. El príncipe de
Aragón ha prestado su juramento y viene a hacer su elección al instante.
(Trompetería. Entran el PRÍNCIPE DE ARAGÓN, PORCIA y su séquito.)
PORCIA.- Mirad, aquí están los cofrecitos, noble príncipe; si escogéis el que contiene mi
retrato, las ceremonias de nuestro casamiento se celebrarán en seguida; pero, si os equivocáis,
deberéis, señor mío, sin hablar más, partir de aquí inmediatamente.

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