Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Luego fui temblando a la cocina para buscar un poco de té, y me encontré con tres muchachas que habían ido a visitar a la cocinera y que se estaban divirtiendo de lo lindo. Una escondió una fuente de pastel en el cajón de la cocina, otra se metió una taza debajo del chal y la cocinera escondió la tetera, al oír que yo hacía ruido en la despensa, antes de abrir la puerta, por una de cuyas junturas había visto, oído y olido la "fiesta", como dicen los niños.
"Estaba enojada y me habría gustado decirle unas cuantas verdades a las tres; prudentemente, contuve la lengua, cerré los ojos, les pedí cortésmente un poco de agua caliente, saludé a las muchachas con la cabeza y le dije a la cocinera que María estaba mejor y podría hacer el trabajo, si ella quería salir.
"Así que la paz volvió a reinar y, mientras yo arreglaba la bandeja, oí que la cocinera decía con su voz más dulce, porque me imagino que el pastel y el té le pesaban grandemente en la conciencia: "La señora no está muy bien, y la señorita es muy buena y la cuida con todo cariño".
"Ya sabía que eran exageraciones suyas, pero me agradó oírla, y me hizo pensar en lo delicada que estaba mamá y en lo poco que realmente hacía yo por ella. Lloré unas lagrimitas de arrepentimiento mientras subía la escalera con la bandeja del té y las tostadas, y encontré a mamá dispuesta para tomarlo y muy contenta de que todo marchara tan bien. Entonces comprendí qué alivio sería para ella el que lo hiciera más a menudo, como debía, y resolví hacerlo.
"No dije nada, pero me dediqué a cumplir con las tareas que se me presentaban y, antes de que me hubiera dado cuenta de ello, muchos de los deberes de mamá fueron a parar a mis manos, como si siempre hubieran sido míos. No quiero decir con eso que me gustaran ni que no gruñía entre dientes al hacerlo: generalmente me sentía oprimida por ellos, y a veces me dolía el no poder salir cuando quería, ni divertirme más. El deber está muy bien, pero no es nada fácil, y el único consuelo que nos proporciona es una especie de tranquilidad que se siente al cabo de algún tiempo, y una sensación de fortaleza, como si hubiéramos encontrado algo a que poder asirnos para no perder el equilibrio.

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