Los Muchachos de Jo (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Pero le conviene que salga de aquí, que corra y se distraiga por el campo. Oye, hija mía, deja al niño ése que duerma un rato, y ve a ver a la tía Meg, que está en la sala -dijo Laurie mirando a su altísima hija como Pigmalión debió mirar a Galatea; porque la consideraba como la más hermosa estatua de la casa.
-Sí, papá, pero haz el favor de decirme antes si te gusta esto que estoy haciendo. -Y Bess, obediente, dejó sus herramientas, echando al mismo tiempo una mirada tranquila a su obra.
-Pero, hija de mi alma: en honor a la verdad, siento muchísimo tener que confesarte que tiene un carrillo mucho más abultado que el otro; y que los rizos del pelo que le caen por la frente más se ase-mejan a unos cuernecitos que a rulos; por lo demás, puede rivalizar con los querubines de Rafael, por lo cual me siento verdaderamente orgulloso.
Laurie reía mientras decía todo esto, porque se acordaba de los primeros ensayos que hizo su mujer siendo muchacha, y que resultaban exactamente iguales a los que hacía su hija ahora.
-Tú no encuentras belleza más que en la música, papá -contestó Bess, moviendo su hermosa cabeza de cabellos de oro, que parecía un punto luminoso en la penumbra del estudio.
-Yo encuentro belleza en lo que la tiene; la encuentro en ti, hija mía; y para que tomes un poco más de vigor y se acentúen más tus colores, deseo que saques las manos de ese barro frío, y salgas a correr un poco.
Mientras hablaba así, rodearon su cuello unas manos sucias de barro, y Bess le dijo sonriente, acompañando sus palabras de algunos suaves toques de labios:
-Yo no olvido nunca lo que tú me dices, papá; pero no te puedes figurar los deseos que tengo de poder llegar a hacer algo realmente hermoso, para que estés orgulloso de mí. Mamá ya me dice que no trabaje tanto, pero, ¿qué quieres?, cuando entro aquí me abstraigo de tal modo con el trabajo que no me doy cuenta del tiempo; tan veloz pasa para mí, y tan feliz me encuentro, que olvido que fuera de aquí hay otro mundo más alegre que el estudio. Pero no te apures; ahora mismo voy a correr y cantar, con lo que te daré el gusto.

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