Las Mujercitas se casan (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

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Si lo vuelven a hacer, usted llamar y yo venir -dijo con un ceño amenazante que hizo las delicias de las dos sabandijas.
Le prometí que así lo haría y se marchó, pero parece que es mi destino encontrarlo muchas veces, porque hoy, cuando salía de paseo, al pasar por su puerta sin querer la golpeé con el paraguas y se abrió. Apareció el profesor, de bata y con una media azul en la mano y una aguja de zurcir en la otra. No pareció avergonzarse para nada de la situación, pues cuando expliqué lo que había pasado y seguí con prisa mi camino él agitó la mano con media y todo diciéndome alegre:
-Tiene un lindo día para hacer su paseo. Bon voyage, mademoiselle!
Me iba riendo todo el camino por las escaleras, pero también pensé que era un poco triste que aquel pobre hombre tuviese que remendar su propia ropa.
Sábado
1 «Bhaer» se pronuncia como la palabra inglesa "bear" (oso) Y también como "beer" (cerveza). No ha pasado nada digno de escribirse, excepto una visita a la señorita Norton, que tiene muchas preciosidades y que estuvo muy encantadora, pues me mostró todos sus tesoros y me preguntó si la acompañaría alguna vez a conferencias y conciertos, siempre que me gustasen, naturalmente. Lo propuso como si fuese yo a hacerle a ella un favor, pero estoy segura que la señora Kirke le ha contado nuestra situación de estrechez y miss Norton quiere hacer eso como un acto de bondad hacia mí. Yo soy orgullosa como Lucifer, pero no me agobian tales favores cuando vienen de personas como ella, y acepté agradecida.
Al regresar a la "nursery" encontré tal barullo en la sala que tuve que mirar, y allí estaba el señor Bhaer, de cuatro pies, con Tina montada a la espalda, Kitty manejándolo con una cuerda de saltar, a guisa de rienda,
y Minny dando de comer a dos chiquilines que rugían y se paraban "en dos patas" en jaulas construidas con sillas.
-Estamos jugando al tolóquico -explicó Kitty. -Éste es mi efelante -agregó Tina agarrándose del pelo del profesor.
-Mamá nos deja hacer lo que queremos los sábados a la tarde cuando vienen Franz y Emilio, ¿no es cierto, señor Bhaer? -dijo Minny.
El elefante se sentó con la pesadez de los verdaderos y me dijo con aire muy serio:

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