A través del espejo (Lewis Carroll) Libros Clásicos

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-Eso es lo que se llama una Historia de Inglaterra, más bien. Ahora, ¡mírame bien! Contempla a quien ha hablado con un Rey: yo mismo. Bien pudiera ocurrir que nunca vieras a otro como yo; y para que veas que a pesar de eso no se me ha subido a la cabeza, ¡te permito que me estreches la mano!
Y en efecto, se inclinó hacia adelante (y por poco no se cae del muro al hacerlo) y le ofreció a Alicia su mano, mientras la boca se le ensanchaba en una amplia sonrisa que le recorría la cara de oreja a oreja. Alicia le tomó la mano, pero observándolo todo con mucho cuidado: -Si sonriera un poco más pudiera ocurrir que los lados de la boca acabasen uniéndose por detrás -pensó- y entonces, ¡qué no le sucedería a la cabeza! ¡Mucho me temo que se le desprendería!
-Pues sí señor, todos sus caballos y todos sus hombres -continuó impertérrito Humpty Dumpty -me recogerían en un periquete y me volverían aquí de nuevo, ¡así no más! Pero..., esta conversación está discurriendo con excesiva rapidez: volvamos a lo penúltimo que dijimos.
-Me temo que ya no recuerdo exactamente de qué se trataba -señaló Alicia, muy cortésmente.
-En ese caso, cortemos por lo sano y a empezar de nuevo -zanjó la cuestión Humpty Dumpty- y ahora me toca a mí escoger el tema... (-Habla como si se tratase de un juego- pensó Alicia)... así que he aquí una pregunta para ti: ¿qué edad me dijiste que tenías?
Alicia hizo un pequeño cálculo y contestó: -Siete años y seis meses.
-¡Te equivocaste! -exclamó Humpty Dumpty, muy ufano. -¡Nunca me dijiste nada semejante!
-Pensé que lo que usted quería preguntarme era más bien «¿qué edad tiene?» -­explicó Alicia.
-Si hubiera querido decir eso, lo habría dicho, ¡ea! -replicó Humpty Dumpty.
Alicia no quiso ponerse a discutir de nuevo, de forma que no respondió nada.
-Siete años y seis meses... -repetía Humpty Dumpty, cavilando. -Una edad bien incómoda. Si quisieras seguir mi consejo te diría «deja de crecer a los siete»..., pero ya es demasiado tarde.
-Nunca se me ha ocurrido pedir consejos sobre la manera de crecer -respondió Alicia, indignada.
-¿Demasiado orgullosa, eh? -se interesó el otro.
Alicia se sintió aún más ofendida por esta insinuación.
-Quiero decir -replicó- que una no puede evitar el ir haciéndose más vieja.

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