Crónicas del castillo de Brass (Michael Moorcock) Libros Clásicos

Página 32 de 244

Le atribuí un origen sobrenatural, si bien atentaba contra mis creencias anteriores...

-Es probable que sea de origen mortal -dijo Hawkmoon-. Creado por los científicos hechiceros que trabajaban para el Imperio Oscuro, o inventado por nuestros antepasados, antes del Milenio Trágico.

-He oído hablar de eso corroboró el conde Brass-, y prefiero esa explicación. Debo admitir que cuadra más con mi carácter.

-¿Os ofreció devolveros la vida después de matarme? -preguntó Hawkmoon.

-Sí... Así fue, en suma.

-También a mí me lo dijo -intervino D´Averc, y los demás asintieron.

-Bien, quizá tendríamos que interrogar a esa máquina, si de una máquina se trata-sugirió Bowgentle.

-De todos modos, hay otro misterio -dijo Hawkmoon-. ¿Cómo es que vivís en una noche perpetua, mientras que para mí los días pasan como de costumbre?

-Espléndido rompecabezas -comentó D´Averc, complacido-. Tal vez deberíamos preguntarlo. Al fin y al cabo, si es una maquinación del Imperio Oscuro, no entiendo por qué quieren hacerme daño... ¡Soy amigo de Granbretán!

Hawkmoon sonrió de manera enigmática.

-Lo sois ahora, Huillam D´Averc.

-Pensemos un plan -dijo el conde Brass, más práctico-. ¿Nos ponemos en marcha y vamos en busca de la pirámide?

-Esperadme aquí -pidió Hawkmoon-. Antes, he de pasar por casa. Volveré antes del alba... O sea, dentro de unas horas. ¿Confiaréis en mí?

-Prefiero confiar en un hombre que en una pirámide de cristal -sonrió el conde Brass.

Hawkmoon se encaminó hacia donde su caballo pastaba y montó sobre él.

Mientras se alejaba de la loma y dejaba atrás a los cuatro hombres, se obligó a pensar con la mayor lucidez posible, intentando dejar a un lado las implicaciones paradójicas de lo que había averiguado esta noche y concentrarse en el probable origen de la situación. Dada su experiencia, sólo se le ocurrían dos posibilidades: el Bastón Rúnico por un lado, el Imperio Oscuro por otro. Aunque también podía tratarse de otra fuerza. No obstante, la única otra gente que poseía ingentes recursos científicos era el pueblo fantasma, en Soryandum, y consideraba poco plausible que se entrometieran en asuntos ajenos. Además, sólo el Imperio Oscuro desearía destruirle, mediante sus amigos muertos. Era una ironía muy propia de sus mentes perversas. Sin embargo, recordó, todos los grandes líderes del Imperio Oscuro habían muerto. Pero también el conde Brass, Oladahn, Bowgentle y D´Averc estaban muertos.

Hawkmoon hinchó sus pulmones de aire frío cuando la ciudad de Aigues-Mortes apareció ante su vista. Se le había ocurrido la idea de que todo fuera una trampa muy complicada para terminar con su vida.

Y por eso volvía al castillo de Brass, para despedirse de su esposa, besar a sus hijos y escribir una carta que debería abrirse si no regresaba.

Página 32 de 244
 

Paginas:
Grupo de Paginas:             

Compartir:



Diccionario: