El caso de Charles Dexter Ward (Howard Phillips Lovecraft) Libros Clásicos

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Eliza Tillinghast tenía en aquellos días dieciocho anos y había sido educada todo lo bien que la reducida fortuna de su padre permitiera. Había asistido a la escuela de Stephen Jackson y había sido también diligentemente instruida por su madre en las artes y refinamientos de la vida doméstica. Un ejemplo de su habilidad para las labores puede admirarse todavía en una de las salas de la Sociedad Histórica de Rhode Island. Desde el fallecimiento de la señora Tillinghast, ocurrido en 1757 a causa de la viruela, Eliza se había hecho cargo del gobierno de la casa ayudada únicamente por una anciana negra. Sus discusiones con su padre a propósito de la petición de Curwen debieron ser muy penosas, aunque no queda constancia de ellas en los documentos de la época. Lo cierto es que rompió su compromiso con el joven Ezra Weeden, segundo oficial del carguero Enterprise de Crawford, y que su unión con Joseph Curwen tuvo lugar el 7 de marzo de 1763 en la iglesia Baptista y en presencia de la mejor sociedad de la ciudad. La ceremonia fue oficiada por el vicario Samuel Winson y la Gazette se hizo eco del acontecimiento con una breve reseña que, en la mayoría de los ejemplares del periódico correspondientes a aquella fecha, y archivados en distintos lugares, parecía haber sido cortada o arrancada. Ward encontró un ejemplar intacto después de mucho rebuscar en los archivos de un coleccionista particular y observó entonces con regocijo la vaguedad de los términos con que estaba redactada la nota.

«El pasado lunes por la tarde, el señor Joseph Curwen, vecino de esta villa, comerciante, contrajo matrimonio con la señorita Eliza Tillinghast, hija del capitán Dutie Tillinghast, joven de muchas virtudes dotada además de gran belleza. Hacemos votos por su perpetua felicidad.»

La correspondencia Durfee-Arnold, descubierta por Charles Ward poco antes de que presentara los primeros síntomas de locura, en el museo particular de Melville L. Peters en Georgia Street, y que cubre aquel período y otro ligeramente anterior, arroja vívida luz sobre la ofensa al sentimiento público que causó aquella disparatada unión. Sin embargo, la influencia social de los Tillinghast era innegable, y así una vez más Joseph Curwen vio frecuentado su hogar por personas a las cuales nunca hubiera podido inducir, de otro modo, a que cruzasen el umbral de la casa. No se le aceptó totalmente, ni mucho menos, pero sí se levantó la condena al ostracismo a que se le había sometido.

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