La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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cabeza un tan gran golpe, que sin ningún sentido y muy mal
descalabrado me dejó.
Como sintió que me habia dado, según yo debía hacer gran
sentimiento con el fiero golpe, contaba él que se había llegado a
mí y dandome grandes voces, llamándome, procuró recordarme. Mas
como me tocase con las manos, tentó la mucha sangre que se me
iba, y conoció el daño que me había hecho, y con mucha priesa fue
a buscar lumbre. Y llegando con ella, hallóme quejando, todavía
con mi llave en la boca, que nunca la desamparé, la mitad fuera,
bien de aquella manera que debía estar al tiempo que silbaba con
ella.
Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella
llave, miróla, sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era,
porque en las guardas nada de la suya diferenciaba. Fue luego a
proballa, y con ella probó el maleficio.
Debió de decir el cruel cazador:
"El ratón y culebra que me daban guerra y me comían mi
hacienda he hallado."
De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna
fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena; mas de cómo
esto que he contado oí, después que en mi torné, decir a mi amo,
el cual a cuantos allí venían lo contaba por extenso.
A cabo de tres días yo torné en mi sentido y vine echado en
mis pajas, la cabeza toda emplastada y llena de aceites y
ungüentos y, espantado, dije:
"¿Que es esto?"
Respondióme el cruel sacerdote:
"A fe, que los ratones y culebras que me destruían ya los
he cazado."
Y miré por mí, y vime tan maltratado que luego sospeche mi

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