La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades (Anónimo) Libros Clásicos

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tal y como yo la deseaba y aun la había menester.
En este tiempo dio el reloj la una después de mediodía, y
llegamos a una casa ante la cual mi amo se paró, y yo con él; y
derribando el cabo de la capa sobre el lado izquierdo, sacó una
llave de la manga y abrió su puerta y entramos en casa. La cual
tenía la entrada obscura y lóbrega de tal manera que parecía que
ponía temor a los que en ella entraban, aunque dentro de ella
estaba un patio pequeño y razonables cámaras.
Desque fuimos entrados, quita de sobre sí su capa y,
preguntando si tenía las manos limpias, la sacudimos y doblamos,
y muy limpiamente soplando un poyo que allí estaba, la puso en
él. Y hecho esto, sentóse cabo en ella, preguntándome muy por
extenso de dónde era y cómo había venido a aquella ciudad.
Y yo le di más larga cuenta que quisiera, porque me parecía
mas conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la olla
que de lo que me pedía. Con todo eso, yo le satisfice de mi
persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis bienes y callando
lo demás, porque me parecía no ser para en cámara. Esto hecho,
estuvo así un poco, y yo luego vi mala señal, por ser ya casi las
dos y no le ver más aliento de comer que a un muerto.
Después desto, consideraba aquel tener cerrada la puerta
con llave ni sentir arriba ni abajo pasos de viva persona por la
casa. Todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella
silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de

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