Jane Eyre (Charlotte Bronte) Libros Clásicos

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-Ya levantada, ¿eh? ¿Qué tal está? Bessie contestó que ya me hallaba bien.
-Hay que tener mucho cuidado con ella. Ven aquí, Jane... ¿Te llamas Jane, verdad?
-Sí, señor: Jane Eyre.
-Bueno, dime: ¿por qué llorabas? ¿Te ocurre algo? -No, señor.
-Quizá llore porque la señora no le ha llevado en coche con ella -sugirió Bessie.
-Seguramente no. Es demasiado mayor para llorar por tales minucias.
Yo protesté de aquella injusta imputación, diciendo: -Nunca he llorado por esas cosas. No me gusta salir en coche. Lloro porque soy muy desgraciada.
-¡Oh, señorita! -exclamó Bessie.
El buen boticario pareció quedar perplejo. Yo estaba en pie ante él mientras me contemplaba con sus pequeños ojos grises, no muy brillantes pero sí perspicaces y agudos. Su rostro era anguloso, aunque bien conformado. Me miró detenidamente y me preguntó:
-¿Qué sucedió ayer?
-Se cayó -se apresuró a decir Bessie.
-¿Cómo que se cayó? ¡Cualquiera diría que es un bebé que no sabe andar! No puede ser. Esta niña tiene lo menos ocho o nueve años.
-Es que me pegaron -dije, dispuesta a dar una explicación del suceso que no ofendiera mi orgullo de niña mayor-. Pero no me puse mala por eso -añadí.
Mr. Lloyd tomó un polvo de rapé de su tabaquera. Cuando lo estaba guardando en el bolsillo de su chaleco, sonó la campana que llamaba a comer a la servidumbre.
-Váyase a comer-dijo a Bessie al oír la campana-. Yo, entre tanto, leeré algo a Jane hasta que vuelva usted.
Bessie hubiese preferido quedarse, pero no tuvo más remedio que salir, porque la puntualidad en las comidas se observaba con extraordinaria rigidez en Gateshead Hall.
-¿Qué es lo que te pasó ayer? -preguntó Mr. Lloyd cuando Bessie hubo salido.
-Me encerraron en un cuarto donde había un fantasma y me tuvieron allí hasta después de oscurecer.
El boticario sonrió, pero a la vez frunció el entrecejo. -¡Qué niña eres! ¡Un fantasma! ¿Tienes miedo a los fantasmas?
-Sí, sí; era el fantasma de Mr. Reed, que murió en aquel cuarto. Ni Bessie ni nadie se atreve a ir a él por la noche, ¡y a mí me dejaron allí sola y sin luz! Es una maldad muy grande y nunca la perdonaré.
-¡Qué bobada! ¿Y es por eso por lo que te sientes tan desgraciada? ¿Tendrías miedo allí ahora, que es de día?
-No, pero por la noche sí. Además, soy desgraciada, muy desgraciada, por otras cosas.

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