El Rey Lear (William Shakespeare) Libros Clásicos

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Id a decirles al duque y a su esposa
que quiero verlos. ¡Ahora mismo, ya!
Decidles que salgan y me oigan
o tocaré el tambor a la puerta de su cuarto
hasta matar el sueño para siempre.
GLOSTER
Deseo que haya paz entre vosotros.

Sale.

LEAR
¡Ah, el corazón, se me sube el corazón! ¡Abajo!.
BUFÓN
Tú grítale, abuelo, como aquella cocinera que metía las anguilas vivas en la masa; les zurraba en la
cresta con un palo, gritándoles: «¡Abajo, rebeldes, abajo!» Su hermano fue aquél que, de pura bondad
con su caballo, le puso mantequilla al pienso.

Entran CORNWALL, REGAN, GLOSTER y criados.

LEAR
Buenos días a los dos.
CORNWALL
Salud a vos, mi señor.

KENT es puesto en libertad.

REGAN
Me alegro de veros, señor.
LEAR
Te creo, Regan, y sé por qué razón
te creo: si no te alegrases,
maldeciría la sepultura de tu madre
por ser la tumba de una adúltera. ––
[A KENT] ¡Ah! ¿Estás libre? Hablaremos de esto. ––
Querida Regan, tu hermana es perversa.
¡Ah, Regan! Cual buitre, me ha clavado en el pecho
el pico punzante de la ingratitud.
Apenas puedo hablarte; no creerías
de qué modo tan malvado ...¡Ah, Regan!
REGAN
Os lo ruego, señor, conteneos.
Quiero creer que no la estimáis en lo que vale,
no que ella falte a su deber.
LEAR
¿Cómo? ¿Qué dices?
REGAN
No puedo creer que mi hermana sea capaz
de eludir su obligación. Señor, si acaso
refrenó los desmanes de vuestros seguidores,
lo hizo por motivos y fines tan sensatos
que la eximen de toda culpa.
LEAR
¡Pues yo la maldigo!
REGAN
Señor, sois anciano. En vos la naturaleza
está al borde de su término. Dejad
que os guíe y conduzca el prudente
que aprecia vuestra condición mejor que vos.
Por tanto, os suplico que volváis

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