Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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fortificación nueva que había hecho el Fratín, con mucha facilidad vino a
tierra. En resolución, la armada volvió a Constantinopla, triunfante y
vencedora: y de allí a pocos meses murió mi amo el Uchalí, al cual llamaban
Uchalí Fartax, que quiere decir, en lengua turquesca, el renegado tiñoso,
porque lo era; y es costumbre entre los turcos ponerse nombres de alguna
falta que tengan, o de alguna virtud que en ellos haya. Y esto es porque no
hay entre ellos sino cuatro apellidos de linajes, que decienden de la casa
Otomana, y los demás, como tengo dicho, toman nombre y apellido ya de las
tachas del cuerpo y ya de las virtudes del ánimo. Y este Tiñoso bogó el
remo, siendo esclavo del Gran Señor, catorce años, y a más de los treinta y
cuatro de sus edad renegó, de despecho de que un turco, estando al remo,
le dio un bofetón, y por poderse vengar dejó su fe; y fue tanto su valor
que, sin subir por los torpes medios y caminos que los más privados del
Gran Turco suben, vino a ser rey de Argel, y después, a ser general de la
mar, que es el tercero cargo que hay en aquel señorío. Era calabrés de
nación, y moralmente fue un hombre de bien, y trataba con mucha humanidad a
sus cautivos, que llegó a tener tres mil, los cuales, después de su muerte,
se repartieron, como él lo dejó en su testamento, entre el Gran Señor (que
también es hijo heredero de cuantos mueren, y entra a la parte con los más
hijos que deja el difunto) y entre sus renegados; y yo cupe a un renegado
veneciano que, siendo grumete de una nave, le cautivó el Uchalí, y le quiso
tanto, que fue uno de los más regalados garzones suyos, y él vino a ser el
más cruel renegado que jamás se ha visto. Llamábase Azán Agá, y llegó a ser
muy rico, y a ser rey de Argel; con el cual yo vine de Constantinopla, algo
contento, por estar tan cerca de España, no porque pensase escribir a nadie
el desdichado suceso mío, sino por ver si me era más favorable la suerte en
Argel que en Constantinopla, donde ya había probado mil maneras de huirme,
y ninguna tuvo sazón ni ventura; y pensaba en Argel buscar otros medios de
alcanzar lo que tanto deseaba, porque jamás me desamparó la esperanza de
tener libertad; y cuando en lo que fabricaba, pensaba y ponía por obra no
correspondía el suceso a la intención, luego, sin abandonarme, fingía y
buscaba otra esperanza que me sustentase, aunque fuese débil y flaca.

»Con esto entretenía la vida, encerrado en una prisión o casa que los

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