Trato de Argel (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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en mostrar su fuerza brava,
me ha hecho esclavo de mi esclava,
esclava que es mi señora;
y quedo tan satisfecho
de perder la libertad,
que alabo la crueldad
deste crudo y nuevo hecho.
Y, porque lo que aquí digo
lo entiendas, Silvia, mejor,
nunca me llames señor,
sino siervo o caro amigo.
SILVIA Aunque tamaña mudanza
hace fortuna en mi estado,
no creo se me ha olvidado
el término de crianza.
Bien sé cómo he de llamarte,
y sé que es de obligación
que en lo que fuera razón
procure de contentarte.
YZUF Tu habla tan comedida,
tu donaire, gracia y ser,
claro me dan a entender
que eres, Silvia, bien nacida;
y, aunque pudiera esperar
de ti un rescate crecido,
a tal término he venido,
que tú me has de rescatar.
Mas, en tanto que a la clara
veas cuanto hago por ti,
ven, Silvia, vente tras mí:
verás a tu ama Zahara.
SILVIA Vamos, señor, en buen hora.
YZUF Silvia, no tanto «señor»,
pues mi ventura y amor
os ha hecho a vos mi señora.

Sale ZAHARA.

ZAHARA Seáis, Yzuf, bien llegado.
¿Cúya es la esclava rumía?
SILVIA Vuestra soy, señora mía.
YZUF Verdad es: yo la he comprado.
ZAHARA Por cierto, la compra es bella
si cual hermosa es honesta.
Decid, señor, ¿cuánto os cuesta?
YZUF Dado he mil doblas por ella.

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