La Casa Hechizada (Charles Dickens) Libros Clásicos

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opiniones más liberales, pero reivindicaba que se limitara el beneficio de éstas
a ese perro e hijo de perro, el Gran Visir, quien no tenía derecho si no estaba
en cuestión. Finalmente la dificultad fue obviada mediante el nombramiento de
una esclava muy joven como delegada. Ésta, en pie sobre un escabel, recibió
oficialmente en sus mejillas los saludos dirigidos por el gracioso Haroun a las
otras sultanas y fue recompensada privadamente por las arcas de las damas del
harén.
Y entonces, en la altura máxima del placer de mi éxtasis, me vi gravemente
turbado. Empecé a pensar en mi madre, y en lo que ella opinaría del hecho de que
en el solsticio estival me hubiera llevado a casa a ocho de las más hermosas
hijas de los hombres, sin que a ninguna de ellas se la esperara. Pensé en el
número de camas que habíamos hechos en nuestra casa, todas con los ingresos de
mi padre, y en el panadero, y mi desaliento se redobló. El harén y el malicioso
Visir, adivinando la causa de la infelicidad de su señor, hicieron todo lo
posible por aumentarla Profesaron una fidelidad sin límites y afirmaron que
vivirían y morirían con él. Reducido a la máxima desdicha por esas protestas de
unión, permanecía despierto durante horas meditando sobre mi terrible destino.
En mi desesperación creo que había aprovechado la menor oportunidad de caer de
rodillas ante la señorita Griffin, declarando mi semejanza con Salomón y rogando
fuera tratado de acuerdo con las leyes violentas de mi país si no se abría ante
mí algún medio impensable de escape.
Un día salimos a pasear de dos en dos -con ocasión de lo cual el Visir había
dado sus instrucciones habituales de observar al muchacho de la barrera di
portazgo, teniendo en cuenta que si miraba profanamente (tal como hacía siempre)
a las bellezas del harén habría que ahorcarlo durante el curso de la noche-
cuando sucedió que nuestros corazones se vieron velados por la melancolía. Un
inexplicable acto de la antílope había sumido al Estado en la de gracia. En la
representación que se había hecho el di anterior por su cumpleaños, en la que
grandes tesoros habían sido enviados en una canasta para su celebración (ambas

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