Divina Comedia (Dante Alighieri) Libros Clásicos

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como a uno yo vi, no se vacía,
de la barbilla abierto al bajo vientre; 24

por las piernas las tripas le colgaban,
vela la asadura, el triste saco
que hace mierda de todo lo que engulle. 27

Mientras que en verlo todo me ocupaba,
me miró y con la mano se abrió el pecho
diciendo: «¡Mira cómo me desgarro! 30

imira qué tan maltrecho está Mahoma! 31
Delante de mí Alí llorando marcha, 32
rota la cara del cuello al copete. 33

Todos los otros que tú ves aquí,
sembradores de escándalo y de cisma
vivos fueron, y así son desgarrados. 36

Hay detrás un demonio que nos abre,
tan crudamente, al tajo de la espada,
cada cual de esta fila sometiendo, 39

cuando la vuelta damos al camino;
porque nuestras heridas se nos cierran
antes que otros delante de él se pongan. 42

Mas ¿quién eres, que husmeas en la roca,
tal vez por retrasar ir a la pena,
con que son castigadas tus acciones?» 45

«Ni le alcanza aún la muerte, ni el castigo
-respondió mi maestro- le atormenta;
mas, por darle conocimiento pleno, 48

yo, que estoy muerto, debo conducirlo
por el infierno abajo vuelta a vuelta:
y esto es tan cierto como que te hablo.» 51

Mas de cien hubo que, cuando lo oyeron,
en el foso a mirarme se pararon
llenos de asombro, olvidando el martirio. 54

« Pues bien, di a Fray Dolcín que se abastezca,
tú que tal vez verás el sol en breve, 56
si es que no quiere aquí seguirme pronto, 57

tanto, que, rodeado por la nieve,
no deje la victoria al de Novara, 59
que no sería fácil de otro modo.» 60

Después de alzar un pie para girarse,
estas palabras díjome Mahoma;
luego al marcharse lo fijó en la tierra. 63

Otro, con la garganta perforada,
cortada la nariz hasta las cejas,
que una oreja tenía solamente, 66


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