El Caballero de la Maison Rouge (Alejandro Dumas) Libros Clásicos

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-¡Ah, mi mujercita va a ser feliz!
Al ver alejarse a Tison y oír las palabras que pronunciaba, uno de los guardias nacionales dijo a Lorin:
-¿Sabes, sargento, que estas cosas le hacen estremecerse a uno?
-¿Qué cosas, ciudadano Devaux? -preguntó Lorin.
-¡Cómo que qué cosas! Ver a este hombre de rostro duro, este hombre de corazón de bronce, este inexorable guardián de la reina, alejarse con lágrimas en los ojos, mitad de alegría, mitad de dolor, pensando que su mujer va a ver a su hija y que él no la verá. Esto entristece.
-Sin duda; he ahí por qué no reflexiona este hombre que se va, como tú dices, con lágrimas en los ojos.
-¿Y qué es lo que reflexionaría?
-Que desde hace tres meses, esta mujer que él brutaliza sin piedad no ve a su hijo. El no piensa en la desgracia de ella, sino en la suya propia. Claro que esta mujer era reina, y no se está obligado a tener los mismos miramientos con una reina que con la mujer de un jornalero.
El sargento había hablado en un tono que hacía difícil interpretar el sentido de sus palabras.
-No importa, todo esto es muy triste -dijo Devaux.
-Triste, pero necesario -dijo Lorin.
-Lo mejor, como tú has dicho, es no reflexionar.
De pronto se escuchó un gran ruido a la izquierda del cuerpo de guardia; se trataba de juramentos, amenazas y llantos. Los dos hombres prestaron atención y les pareció distinguir la voz de un niño.
-¿Quieres cantar? -dijo una voz ronca y avinada.
Y la voz cantó como para dar ejemplo:
Madame Veto había prometido Hacer degollar a todo París...
-No -dijo el niño-, no cantaré.
-¡Ah, bribonzuelo! -dijo la voz ronca.
Y un ruido de correa silbante hendió el aire.
-¡Voto a bríos! -dijo Lorin-. Es el infame Simon que pega al pequeño Capeto.
De pronto se abrió una puerta y el niño dio algunos pasos por el patio acosado por el látigo de su guardián. Pero algo pesado voló tras él, resonó en el suelo y le alcanzó en la pierna. El niño dio un grito, luego un traspiés y cayó de rodillas.
-Devuélveme la horma, pequeño monstruo, si no...
El niño se levantó y rehusó con la cabeza.

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