Los miserables (Víctor Hugo) Libros Clásicos

Página 9 de 382


El viajero nada vio.
Volvió a preguntar otra vez:
-¿Comeremos pronto?
-En seguida.
Volvió el muchacho: traía un papel. El hués ped lo desdobló apresuradamente como quien está

esperando una contestación. Leyó atentamente, movió la cabeza y permaneció pensativo. Por fin dio un
paso hacia el viajero que parecía sumido en no muy agradables ni tranquilas reflexiones. -Buen hombre -le dijo-, no puedo recibiros en mi casa. El hombre se enderezó sobre su asiento. -¡Cómo! ¿Teméis que no pague el gasto? ¿Que réis cobrar anticipado? Os digo que tengo dinero. -No es eso. -¿Pues qué? -Vos tenéis dinero. -He dicho que sí. -Pero yo -dijo el posadero- no tengo cuarto que daros. El hombre replicó tranquilamente: -Dejadme un sitio en la cuadra. -No puedo. -¿Por qué? -Porque los caballos la ocupan toda. -Pues bien -insistió el viajero-, ya habrá un rincón en el pajar, y un poco de paja no faltará tampoco.
Lo arreglaremos después de comer. -No puedo daros de comer. Esta declaración hecha con tono mesurado pero firme, pareció grave al forastero, el cual se levantó y
dijo: -¡Me estoy muriendo de hambre! Vengo caminando desde que salió el sol; pago y quiero comer.
-Yo no tengo qué daros -dijo el posadero.
El hombre soltó una carcajada y volviéndose hacia los hornos, preguntó:
-¿Nada? ¿Y todo esto?
Todo esto está ya comprometido por los carreteros q ue están allá dentro.
-¿Cuántos son?
-Doce.
-Allí hay comida para veinte.
-Lo han encargado todo, y además me lo han pagado adelantado.
El hombre se sentó, y sin alzar la voz dijo:
-Estoy en la hostería; tengo hambre y me quedo.
El posadero se inclinó entonces hacia él, y le dijo con un acento que le hizo estremecer:
-Marchaos.
El viajero estaba en aquel momento encorva do, y empujaba algunas brasas con la contera de su

garrote. Se volvió bruscamente, y como abriera la boca para replicar, el huésped lo miró fijamente y añadió en voz baja:
-Mirad, basta de conversación. ¿Queréis que os diga vuestro nombre? Os llamáis Jean Valjean. Ahora, ¿queréis que os diga también lo que sois? Al veros entrar sospeché algo; envié a preguntar al Ayu ntamiento, y ved lo que me han contestado: ¿sabéis leer?
Al hablar así presentaba al viajero el papel que acababa de ir desde la hostería a la alcaldía y de ésta a aquélla.

Página 9 de 382
 

Paginas:
Grupo de Paginas:                   

Compartir:



Diccionario: