El Conde Lucanor (Juan Manuel) Libros Clásicos

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Et una de las perdizes que estaba biva en la red començó a dezir a las otras:
-¡Vet, amigas, lo que faze este omne! ¡Como quiera que nos mata, sabet que a grant duelo de nos, et por ende está llorando!
Et otra perdiz que estava ý, más sabidora que ella, et que con su sabiduría se guardara de caer en la red, respondiól’ assí:
-Amiga, mucho gradesco a Dios porque me guardó, et ruego a Dios que guarde a mí et a todas mis amigas del que me quiere matar et fazer mal, et me da a entender quel’ pesa del mío daño.
Et vós, señor conde Lucanor, siempre vos guardat del que vierdes que vos faze enojo et da a entender quel’ pesa por ello porque lo faze; pero si al­guno vos fizier enojo, non por vos fazer daño nin desonra, et el enojo non fuere cosa que vos mucho enpesca, et el omne fuer tal de que ayades to­mado serviçio o ayuda, et lo fiziere con quexa o con mester en tales loga­res, conséjovos yo que çerredes el ojo en ello, pero en guisa que lo non faga tantas vezes, dende se vos siga daño nin vergüença; mas si de otra manera lo fiziese contra vos, estrañadlo en tal manera porque vuestra fazienda et vuestra onra sienpre finque guardada.
El conde tovo por buen consejo éste que Patronio le dava et fízolo assí et fallósse ende bien.
Et entendiendo don Johan que este exiemplo era muy bueno, mandólo po­ner en este libro et fizo estos viessos que dizen assí:
Quien te mal faz mostrando grand pesar, guisa cómo te puedas de’l guardar.
Et la istoria deste exiemplo es ésta que se sigue:

Exemplo XIVº Del miraglo que fizo sancto Domingo cuando predicó sobre el logrero
Un día fablava el conde Lucanor con Patronio en su fazienda et díxole:
-Patronio, algunos omnes me consejan que ayunte el mayor tesoro que pu­diere et que esto me cumple más que otra cosa para que quier que me con­tezca.

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