El Médico Moreno (Arthur Conan Doyle) Libros Clásicos

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Tengo delante de mi, en el momento de escribir estas líneas, los largos recortes del Lancaster Weekly e los que se relata, pero no tengo más remedio que limitarme a presentar un sinopsis del mismo hasta el momento en que, durante la tarde del primer día de la vista, la declaración de Miss Frances Morton arrojó sobre el caso una luz extraordinaria.
El fiscal, Mister Porlock Carr, había expuesto sus razonamientos con la habilidad en él habitual y, a medida que avanzaban las horas, iba resultando más y más evidente que el defensor, Mister Humphrey, tenía por delante una difícil. Comparecieron varios testigos que declararon bajo juramento haber oído al joven terrateniente expresarse en los términos más arrebatados acerca del doctor, manifestando de manera apasionada la indignación que le había producido la mala conducta -así la calificaba- de aquel para con su hermana. La señora Madding repitió sus declaraciones acerca de la visita que el acusado había hecho al muerto a una hora avanzada de aquella noche, las declaraciones de otro testigo demostraron que el acusado estaba al corriente de la costumbre que tenía el médico de velar a solas en la parte aislada de la casa, habiendo por esa razón elegido Mister Morton aquella hora tardía para hacer su vista, porque entonces tendría al médico a merced suya. Un criado del terrateniente se vio obligado a confesar que había oído el regreso de su amo hacia las tres de la mañana, corroborando con ella la declaración de la señora Madding de que lo había visto entre los arbustos de laurel próximos a la puerta exterior cuando ella hizo su segunda visita. Las botas fangosas y una supuesta semejanza con las pisadas descubiertas en el cuarto fueron también un detalle en el que se hizo hincapié. Cuando el fiscal hubo dado fin a la acusación y presentación de sus testigos, todos sacaron la convicción de que, por muy indirectas que fuesen las pruebas, no por eso dejaban de ser completas y convincentes, hasta el punto de que podía darse por perdido al acusado, a menos que la defensa adujese hechos completamente inesperados.
Eran las tres de la tarde cuando el fiscal dio por terminada su tarea. A las cuatro y media, cuando el juez levantó la sesión, el asunto había tomado un giró nuevo e inesperado.
Extracto del incidente, o una parte del mismo, del periódico que he mencionado ya, pasando por alto las observaciones preliminares del defensor:

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