El mercader de Venecia (William Shakespeare) Libros Clásicos

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ahora tenéis necesidad de mi ayuda; venís a mí y me decís: «Shylock, tendríamos necesidad de
dinero». Y me lo decís vos, vos, que habéis expelido vuestra saliva sobre mi barba y me habéis
echado a puntapiés, como echaríais de vuestro umbral a un perro vagabundo. Pedís dinero.
¿Qué debo contestaros? ¿No debería responderos: «Es que un perro tiene dinero? ¿Es posible
que un mastín preste tres mil ducados?» O bien, inclinándome servilmente, y en tono de un
esclavo, con el aliento retenido y una humildad de susurro, deciros así: «Arrogante señor,
habéis escupido sobre mí el miércoles último; me habéis arrojado con el pie tal día; en otra
ocasión me llamasteis dogo, y por todas esas cortesías, ¿voy a prestaros tanto dinero?»

ANTONIO.- Me dan ganas de llamarte otra vez lo mismo, de escupirte de nuevo y de darte
también de puntapiés. Si quieres prestar ese dinero, préstalo, no como a tus amigos, pues ¿se
ha visto alguna vez que la amistad haya exigido de un amigo sacrificios de un estéril pedazo de
metal?, sino préstalo como a tus enemigos, de quienes podrás obtener más fácilmente castigo
si faltan a su palabra.
SHYLOCK.- ¡Vaya, mirad, cómo os amostazáis! Quisiera hacer pacto de amistad, ganar vuestro
afecto, olvidar los ultrajes con que me habéis mancillado, subvenir a vuestras necesidades
presentes, sin tomar algún interés por mi dinero, y no queréis escucharme; mi ofrecimiento es
generoso.
ANTONIO.- Sería, en efecto, pura generosidad.
SHYLOCK.- Pues quiero probaros esta generosidad. Venid conmigo a casa de un notario, me
firmaréis allí simplemente vuestro pagaré, y a manera de broma será estipulado que, si no
pagáis tal día, en tal lugar, la suma o las sumas convenidas, la penalidad consistirá en una libra
exacta de vuestra hermosa carne, que podrá ser escogida y cortada de no importa qué parte
de vuestro cuerpo que me plazca.
ANTONIO.- Conforme, a fe mía; firmaré ese pagaré y diré que hay mucha generosidad en el
judío.
BASSANIO.- No firmaréis por mí un compromiso como ese; prefiero continuar en el apuro en
que estoy.
ANTONIO.- Bah, no temáis, hombre; no caeré en falta. De aquí a dos meses, es decir, un mes
antes de la expiración de ese pagaré, espero ingresos de tres veces el triple del valor del

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