Una guirnalda de flores (Louisa May Alcott) Libros Clásicos

Página 42 de 172

Cuanto más pensaba en ello, más le agradaba la idea, y resolvió hablar de ello a su nuevo amigo, esperando ganar mucho con la profesión.
No le dijo ni una palabra a su hermana, pero mientras posaba para el señor Vane, cuando él vino al día siguiente, le hizo muchas preguntas; y aunque las respuestas del artista la desanimaron un tanto, le confió sus esperanzas y le pidió consejo. Como él era un hombre bueno y prudente, comprendió que aquélla no era una vida adecuada para una muchacha impulsiva y tiernamente educada, que había quedado abandonada en un mundo de pruebas y tentaciones. Por tanto, le dijo que no le convenía, como no fuese el que dejase que él hiciese varios estudios de su cabeza y le pagase por ello.
Jessie consintió, y aunque quedó decepcionada, halló algún consuelo en atesorar parte de la crecida suma que ganó.
El artista parecía no tener prisa en terminar su obra, y durante varias semanas retornó a la tranquila casita; y mientras pintaba el rostro expresivo de la hermana menor, aprendía a conocer y a amar el carácter de la mayor. Pero durante mucho tiempo nadie adivinó su secreto; y Jessie estaba tan ocupada buscando un medio de ganar más dinero, que permanecía ciega y sorda a lo que ocurría ante ella.
De repente, cuando menos lo esperaba, la ayuda le vino de modo tan delicioso, que durante largo tiempo recordó el episodio con satisfacción juvenil. Un día, mientras permanecía en el salón, esperando que salieran de él las doncellas y niños, una vez terminadas las clases, una antigua amiga se acercó a ella y le dijo con tono cariñoso:
-Querida, ¿no estás ya cansada de enseñar a bailar a estos niños tontos?
-No, me encanta el baile y hoy tenemos nuevas figuras. . . ¡Ves! ¿No es lindo?
Y Jessie, que conocía su habilidad y le agradaba ponerla de manifiesto, se puso a dar vueltas ágilmente, como sí sus pies no estuviesen cansados después de dos horas de duro trabajo.
-¡Encantador! A mí me agradaría poder hacer lo mismo. Pero como soy muy gruesa, no puedo -suspiró Fanny Fletcher, cuando Jessie volvió.
-Quizás pueda enseñarte. Estoy pensando en hacer del baile mi profesión, ya que tengo que hacer algo. "Mademoiselle" gana con él mucho dinero -repuso Jessie, sentándose a descansar, dispuesta a no avergonzarse de su trabajo ni a dejar que Fanny la compadeciese.

Página 42 de 172
 

Paginas:
Grupo de Paginas:           

Compartir:




Diccionario: